En 2013, un joven periodista de 24 años se encontró ante una de las tareas más desafiantes de su carrera: editar a Rex Reed, un crítico de cine conocido por su estilo mordaz y polémico. Reed, quien falleció recientemente a los 87 años, había sido una figura destacada en el periodismo, con una carrera que abarcó décadas y una reputación que le precedía. Su trabajo había dejado una huella en el mundo del periodismo cultural, con perfiles memorables de personalidades como Ava Gardner y Tennessee Williams.
Desde sus inicios, el joven editor experimentó una mezcla de temor y entusiasmo al asumir la responsabilidad de revisarlo, especialmente considerando la controversia que había rodeado a Reed poco antes, cuando un comentario despectivo sobre la actriz Melissa McCarthy había provocado una amplia reacción negativa. A medida que el nuevo editor se adentraba en el trabajo, se dio cuenta de que su tarea no solo implicaba manejar la ferocidad de un escritor icónico, sino también actuar como un lector sensible, eliminando el lenguaje potencialmente ofensivo de sus críticas semanales.
Con cada nueva revisión, el editor fue testigo de la frustración creciente de Reed con lo que consideraba una calidad degradante en el cine contemporáneo. Sus correos, cargados de un lirismo melancólico, revelaban un crítico desilusionado, ansioso por encontrar algo que valiera la pena resaltar entre lo que él describía como una avalancha de películas mediocres. “Hay una verdadera escasez de algo decente para escribir,” decía en uno de esos correos, reflejando su desencanto con la industria.
Las críticas de Reed, a menudo intensas y personales, eran una mezcla de admiración por el arte y exasperación por su deterioro. En ocasiones, el editor se vio obligado a suavizar sus críticas, sin que Reed se percatara del cambio. “El cortar alguna de sus frases es una práctica necesaria, aunque él pudiera considerarlo como un atentado,” confesó el joven periodista.
A lo largo de tres años de colaboración, las interacciones entre Reed y este nuevo editor fueron esenciales para desentrañar la complejidad de un hombre que vivía atrapado entre la nostalgia de un Hollywood pasado y la realidad de una industria en constante evolución. La relación se edificó no solo a través de correos electrónicos, sino también a través de encuentros en restaurantes emblemáticos de Nueva York, donde Reed compartía anécdotas de su vida y su carrera, impregnadas de un encanto que contrarrestaba su reputación como un crítico implacable.
La última reunión tuvo lugar cerca de Navidad en 2023, cuando un Reed con problemas de salud continuaba con su humor característico, recordando momentos pasados con figuras con las que había trabajado. Sin embargo, en esas conversaciones, siempre había un atisbo de preocupación; su visión del mundo estaba marcada por una actitud pesimista hacia el futuro, lo que contrastaba con la vitalidad que aún mantenía en su escritura.
La figura de Rex Reed, ese crítico que había hecho vibrar los corazones de muchos con su pluma afilada, nos deja una lección sobre la importancia de la crítica y la preservación de la historia en un mundo donde el arte y la cultura parecen en una constante modificación. En un tiempo donde la plataforma digital se impone, su legado sigue siendo un recordatorio de que la verdad y la honestidad en la crítica son más necesarias que nunca.
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