A primeras horas de la noche del 9 de marzo de 2026, los equipos de rescate en el centro de Ciudad de México continuaban la intensa búsqueda de dos obreros atrapados tras el colapso de un edificio en demolición, ubicado en la calzada San Antonio de la colonia Tránsito. El fuerte despliegue de autoridades locales y federales se hizo presente rápidamente después del derrumbe, que tuvo lugar en la tarde y generó gran preocupación en la comunidad.
Desde que ocurrió el desastre, el trabajo continuo y sin descanso fue la prioridad. Myriam Urzúa, titular de Protección Civil, enfatizó la gravedad de la situación, asegurando que se trabajaría incansablemente durante la noche para localizar a los desaparecidos. Tan solo unas horas después del incidente, uno de los obreros fue hallado sin vida.
El inmueble tenía un pasado inquietante; afectado por el devastador terremoto de 1985, su situación se había vuelto crítica tras otro sismo en 2017, lo que levantaba alarmas sobre su seguridad. La jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, subrayó que el edificio estaba en “alto riesgo”, una categorización que, lamentablemente, ha tomado un peso trágico en esta historia.
La confusión en el conteo de las personas que estaban laborando en el lugar fue notable, ya que la jefa de Gobierno inicialmente mencionó a 13 trabajadores, mientras que la alcaldesa de Cuauhtémoc, Alessandra Rojo de la Vega, corrigió la cifra, afirmando que en realidad eran 56 quienes se encontraban en el sitio. Aparte de los tres trabajadores atrapados, un cuarto hombre fue trasladado de urgencia al Hospital Rubén Leñero con múltiples traumatismos.
A medida que las horas avanzaban, Brugada ofreció un panorama sobre las estrategias de rescate, indicando que, aunque se estaban haciendo esfuerzos decisivos, las condiciones del escombro complicaban el avance. La respuesta del Gobierno de la ciudad incluyó a más de 50 agentes de Protección Civil, alrededor de 120 bomberos, 30 efectivos de la Marina, y 20 militares de la Secretaría de Defensa, una movilización sin precedentes que reflejaba la gravedad del incidente.
Mientras las luces de los vehículos de emergencia iluminaban el lugar del colapso, las autoridades continuaron evaluando la estructura del edificio y su posible intervención. Rojo de la Vega compartió que se estaban llevando a cabo labores de evaluación estructural para garantizar la seguridad del área, un paso crucial en medio de la crisis.
A medida que la búsqueda se prolongaba, la esperanza de encontrar con vida a los obreros atrapados se mantenía viva entre los rescatistas. Sin embargo, este trágico evento también sirvió como un recordatorio urgente sobre la importancia de la seguridad estructural en la capital mexicana, donde el pasado sísmico sigue dejando su huella.
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