A un mes de cumplirse seis años de su muerte, el legado de Berta Cáceres y las investigaciones sobre su asesinato aún siguen en marcha. Justamente, uno de los hitos se dio en agosto de 2021, cuando el fallo de la Fiscalía de Honduras condenó a David del Castillo como autor intelectual del crimen.
Dicha victoria llegó mucho después del homicidio de la ganadora del premio Goldman Sachs (el equivalente al Nobel de Medioambiente), quien se oponía a la construcción de la represa Agua Zarca en las tierras ancestrales de la comunidad Lenca, en la zona occidental del país. Sin embargo, las amenazas a estos activistas no cesan. En 2020, Honduras registró 17 asesinatos de defensores, según Global Witness, una organización que monitoriza los delitos de esta índole. Este es el quinto país más peligroso del mundo para la defensa de las comunidades indígenas, los ríos, los bosques y su fauna.
En 2018, siete hombres fueron condenados por ser parte del grupo armado que persiguió, intimidó, acosó y terminó quitando la vida de Cáceres mientras batallaba por los derechos del pueblo lenca. La construcción de la presa obligaba a la comunidad a desplazarse de su río sagrado, el Gualquerque.
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Hasta la fecha, en Honduras no había sido condenado nunca un alto cargo empresarial por un crimen relacionado con una defensora del medio ambiente. David Castillo Mejía fue el presidente ejecutivo de Desarrollos Energéticos (DESA), constructora encargada del macroproyecto contra el que luchaba Cáceres y el primero en acatar esta condena. Castillo era ingeniero electrónico de formación y tenía un pasado militar en Estados Unidos.
Sin embargo, esta victoria judicial para la defensa de la reconocida líder es considerada como agridulce para los miembros del Consejo Cívico de las Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH). “Nosotros no consideramos a David del Castillo como un autor intelectual, sino un coautor material, con las mismas responsabilidades que el operativo militar que asesinó a Berta”, explica Camilo Bermúdez del COPINH, organismo al que pertenecía la activista asesinada. También asegura que Castillo no pudo actuar al margen de la dirección de la empresa en un tema tan delicado.
La impunidad de quien tiene el poder político y económico
Una opinión que comparte la eurodiputada Tilly Metz, directora de la Delegación por las Relaciones con América Latina y el Caribe, quien habla de la gran influencia política y económica de esta familia en el país centroamericano. Metz fue tajante: “La condena de un directivo de una empresa en la historia de Honduras y el fin de la sensación de impunidad de quien está en el poder son hechos sin precedentes”.
Varias organizaciones sociales y medios de comunicación calificaron el asesinato como feminicidio: “Amenazaron a sus hijos, investigaron su vida personal, a su antigua pareja sentimental o sobre quién podía ser su amante”, comenta el miembro del COPINH. En el año 2015, cuando Cáceres era la principal voz por la consulta de las comunidades por el proyecto de Aguas Zarcas, fue el propio David del Castillo quien se reunió e intercambió mensajes de texto para negociar su postura y con la finalidad de controlar dónde se encontraba.
La huella profunda que dejó Berta Cáceres
Para muchos, Berta Cáceres no murió, sino que se multiplicó y su historia transcendió al mundo. Sus compañeros la recuerdan como una mujer con un carácter fuerte, con las ideas claras y capaz de vivir sin miedo a pesar de todos los peligros. Además, tenía un gran sentido del humor, le gustaba reírse, bromear y bailar. Camilo Bermúdez atesora en su memoria imágenes de la activista por el medio ambiente que era muy querida en las comunidades: “Siempre se despertaba temprano, bebía su café (le gustaba mucho beber café), se iba a hablar con mucha gente y volvía tardísimo. Eran jornadas extensas, pero que ella disfrutaba mucho. Tenía mucha batería”.
En el 2021, el Parlamento Europeo le otorgó de manera póstuma el premio Sájarov a la Libertad de Conciencia, un galardón que comparte junto a personalidades de la talla de Nelson Mandela. La eurodiputada por el grupo Verde, aclara que este reconocimiento también quiere poner sobre la mesa todos los peligros a los que se enfrentan quienes defienden el agua, las tierras ancestrales y la vida. “Además del de Berta, hay cientos de casos como los asesinatos a líderes comunitarios garífunas en el norte de Honduras u otros miembros del COPINH asesinados”, termina Metz enumerando casos que ha encontrado en las delegaciones parlamentarias en Columna Digital centroamericano.
Para organizaciones como el COPINH, la elección en Honduras de Xiomara Castro como primera presidenta en su historia y la vuelta a un Gobierno de centroizquierda supone un halo de esperanza. La organización indígena se reunió a finales de enero con el secretario de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Lucky Medina, y con Castro para hablar del caso de Berta Cáceres y exigir mejores medidas de protección para los defensores del medio ambiente y los líderes comunitarios.
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