El jurado en el caso de Kyle Rittenhouse ha alcanzado este viernes un veredicto unánime: el joven de 18 años ha sido absuelto de los cinco cargos que pesaban sobre él, entre ellos el de homicidio. Al escuchar el quinto cargo de no culpabilidad, el adolescente comenzó a temblar y se derrumbó, tuvo que sentarse y agarrarse a la silla para poder recuperar la forma. Temblaba y no llegó a llorar pero le costaba recuperar el aire. Detrás, su familia mostraba su satisfacción, en silencio. El juez Bruce Schroeder advirtió de que no podía haber ningún tipo de reacción fuera el que fuera el veredicto. “Como ven, hay muchas fuerzas del orden aquí dentro”, advirtió.
Tras cuatro días de deliberaciones se aguardaba con ansiedad un veredicto. Se había entrado en la parte más angustiosa del proceso: la espera. Cuatro días en los que incluso se prohibió volver a entrar en la sala a la cadena de televisión NBC después de que el juez les acusara de seguir con una furgoneta a un miembro del jurado para obtener más información. No existe posibilidad de apelación. Rittenhouse es desde hoy un hombre libre.
El juez dejó marchar en la noche del lunes a los miembros del jurado con una frase que pesaba como una losa: “Queda sobre sus hombros la resolución de este caso”. Tras ocho días de juicio y más de 30 testigos, cinco hombres y siete mujeres debían de pronunciarse sobre la inocencia o culpabilidad de Kyle Rittenhouse, el joven de 18 años acusado de matar a dos personas y herir a una tercera en la noche del 25 de agosto de 2020, cuando la ciudad de Kenosha (Wisconsin) vivía su tercera jornada de protestas contra la violencia policial.
Con el jurado retirado en sus deliberaciones, la sala del tribunal recuperó el martes la serenidad perdida con los dramáticos testimonios que se han ido sucediendo durante el juicio. Mientras, a las afueras de la ciudad de Kenosha, el Gobernador del Estado, Tony Evers, había ordenado el despliegue de 500 miembros de la Guardia Nacional para garantizar la seguridad pública ante la posibilidad de disturbios, dependiendo de cuál fuera el veredicto final.
Los 12 hombres y mujeres debían de acordar, de forma unánime y más allá de cualquier duda razonable, si el entonces joven de 17 años Kyle Rittenhouse cometió homicidio premeditado al usar un arma peligrosa en la muerte de Joseph Rosenbaum, 36 años; homicidio imprudente en primer grado al matar a Anthony Huber, 26, y cometió homicidio premeditado al herir a Gaige Grosskreutz, 26 años. Los minutos críticos de aquella noche en la que dos personas perdieron la vida por las balas de un rifle de asalto semiautomático AR-15 fueron grabados en vídeo por un transeúnte. Durante la vista, la fiscalía mostró también de forma reiterada imágenes pertenecientes a drones que recogían los hechos y en los que se pudo ver la muerte en directo.
Las protestas por el tiroteo policial que dejó paralizado a Jacob Blake entraban en su tercer día de disturbios en un momento en el que Columna Digital, tras la brutal muerte de George Floyd a manos de un policía, vivía su verano más violento desde las manifestaciones por los derechos civiles de la década de los sesenta. Fue entonces cuando Rittenhouse decidió recorrer los poco más de 30 kilómetros en coche que separan su hogar en Antioch (Illinois) de la vecina Kenosha (Wisconsin) y que sentenciaron su vida. Existen cientos de imágenes. En ellas, se observa a un joven, que entonces sumaba 17 años, con cara de niño recorriendo las calles de la ciudad a orillas del lago Michigan cargando en bandolera un rifle de asalto. Para la fiscalía, Rittenhouse actuó como un justiciero que buscaba venganza contra los saqueadores y manifestantes que protestaban contra la policía. Para los abogados del joven, Rittenhouse acudió a Kenosha en un acto de patriotismo para ayudar a su comunidad y se vio obligado, para defender su vida, a disparar mortalmente contra Rosenbaum y Huber y herir a Grosskreutz.
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Una vez más en Estados Unidos, el juicio de Kenosha no solo se circunscribía a un hombre y sus supuestos crímenes. Una vez más ha quedado al descubierto la idiosincrasia de una nación que convierte en rutina que durante un proceso tanto fiscal como abogado defensor exhiban la prueba estrella del juicio, un rifle de asalto, y posen con ella para probar su tesis. Una idiosincrasia que permite que se retire el cargo de posesión ilegal de un arma de fuego en manos de un chico de 17 años porque una antigua ley del Estado de Wisconsin permite la posesión de armas de cierto tamaño, y el AR-15 cumple con ese requisito.
Según pasaban las jornadas del juicio, los ánimos se fueron tensando. Cuando el acusado tomó el estrado para poder declarar y probar que actuó en defensa propia, los fiscales le sometieron a un duro interrogatorio de horas. El juez, Bruce Schroeder, que ha tenido un papel quizá demasiado protagonista en este proceso, amonestó en repetidas ocasiones a la fiscalía y llegó a hacerlo levantando la voz. Ese mismo juez es el que no aceptó siquiera el uso de la palabra “víctimas” para referirse a los fallecidos, con el argumento de que no estaba claro si eran en realidad una amenaza a la que el joven acusado no tuvo otra opción que responder.
En la recta final, el día que Rittenhouse dejó el banquillo de los acusados para pasar al estrado, todo aquel que quiso conectar con una cadena de televisión pudo ver a un joven de 18 años derrumbarse durante su declaración. Roto por el llanto, Rittenhouse apenas pudo concluir su testimonio. Finalmente el juez optó por un receso.
Para el fiscal adjunto del distrito Thomas Binger aquel momento de debilidad del adolescente al rememorar lo sucedido fue una prueba más de que Rittenhouse no había tenido ninguna piedad con sus víctimas y era consciente de que disparó para matar. “Incluso en el estrado de los testigos, cuando se derrumba y llora, lo hace por sí mismo, no por ninguna de las personas a las que hizo daño aquella noche”, dijo Binger. “No muestra arrepentimiento, no le importa nadie que no sea él”, incidió el letrado.
El fiscal fue incluso más lejos en su estrategia de desmontar la teoría de la defensa propia al mirar de frente al jurado y decirle que al decidir el veredicto debían de “tener en cuenta que el acusado causó el incidente” porque, de acuerdo con la ley vigente en el estado de Wisconsin, “no se puede reclamar defensa propia ante un peligro que uno mismo crea”. En uno de los momentos más teatrales, Binger se apoderó del rifle semiautomático que utilizó Rittenhouse y escenificó la manera en la que el adolescente empuñó y apuntó el arma contra Rosenbaum, Huber y finalmente Grosskreutz.
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