Un jurado de Los Ángeles ha marcado un hito significativo al emitir una sentencia histórica el 25 de marzo de 2026. Esta decisión condenó a Google, propietario de YouTube, y a Meta, matriz de plataformas como Instagram, Facebook y WhatsApp, a indemnizar con tres millones de dólares a una joven, reconociendo los daños resultantes del “diseño adictivo” de sus aplicaciones. Este veredicto no solo tiene repercusiones en Estados Unidos; también podría inspirar cambios en Europa, particularmente en España, donde la legislación podría adaptarse para abordar semejantes prácticas perjudiciales.
Lo que hace revolucionario este veredicto es su enfoque: se centra en la estructura del diseño tecnológico, no en el contenido disponible. Este nuevo marco de responsabilidad digital plantea una pregunta crucial: ¿están nuestros sistemas legales equipados para abordar esta situación? La respuesta es afirmativa. España posee un robusto conjunto de normativas que ya tienen la capacidad de proteger a los usuarios contra algoritmos que utilizan tácticas manipuladoras.
La reciente implementación del Reglamento de Inteligencia Artificial de la Unión Europea sienta las bases para construir un caso similar. Esta normativa, considerada pionera, establece prohibiciones claras sobre sistemas de inteligencia artificial que, utilizando técnicas subliminales, alteran el comportamiento humano de forma perjudicial. Así, las prácticas de diseño adictivo podrían encajar dentro de estas regulaciones.
Mecanismos como el “scroll” infinito, la reproducción automática y las notificaciones constantes no son meras funcionalidades; son ingenierías conductuales destinadas a capturar y mantener nuestra atención. Al explotar vulnerabilidades psicológicas, estas técnicas generan un uso compulsivo que escapa al control consciente del usuario. La nueva normativa europea podría clasificar estas prácticas como ilegales, ofreciendo así una vía para reclamar legalmente contra quienes participan en su diseño.
Además, el marco legal español ya incluye reconocimientos sobre las adicciones sin sustancia. La Ley 1/2016, que aborda la atención integral de adicciones, menciona explícitamente las conductas excesivas relacionadas con el uso de tecnologías digitales. Este marco no solo valida la existencia de tales adicciones; también obliga a las administraciones a desarrollar medidas preventivas sobre su uso excesivo.
Particularmente relevante es la protección de menores, impulsada por la Ley Orgánica 8/2021. Esta legislación establece la obligación de crear entornos digitales seguros, implicando que un diseño adictivo es, en esencia, un entorno inseguro para la infancia. Asimismo, la Ley Orgánica 3/2018, relacionada con la protección de datos, refuerza la defensa de los derechos de los usuarios frente a la manipulación de sus datos personales, que a menudo alimentan algoritmos adictivos.
El argumento central en el caso estadounidense —la responsabilidad por el diseño en lugar del contenido— podría resonar en el contexto español. La legislación actual, como la Ley de Servicios Digitales de la UE, impone a las plataformas la responsabilidad de evaluar riesgos asociados con su diseño. Esto trasciende la simple moderación de contenido, abordando directamente los riesgos inherentes a la estructura del servicio.
Por otro lado, la Directiva 2024/2853 del Parlamento Europeo, que trata la responsabilidad por productos defectuosos, abre otra vía para considerar plataformas digitales como “productos”. Si su diseño conlleva daños probados, podría calificarse como “defectuoso”, implicando responsabilidad civil para sus creadores.
En situaciones extremas, un diseño algorítmico que degrade la salud mental de un individuo, especialmente un menor, podría ser evaluado bajo los delitos contra la integridad moral en el Código Penal español. Sin embargo, enfrentar judicialmente a estas grandes corporaciones requerirá no solo voluntad política sino también valentía.
El precedente establecido por el veredicto de Los Ángeles resuena en España y Europa, donde se están formando las bases legales para abordar la adicción digital y sus consecuencias. Lo que hemos visto podría ser apenas el principio de un movimiento más amplio hacia un entorno digital más seguro y responsable. Este camino ya está en marcha, y el momento de actuar es ahora.
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