¡Hola! Ya vamos por el tercer número de Americanas y queremos agradecerles a todos los que nos han acompañado en estas tres semanas en este nuevo boletín sobre género y feminismo. Si les gusta, no se olviden recomendárselo a otras personas que crean que lo pueden disfrutar también. Aquí está el enlace para suscribirse.
Este domingo, inspirada por una de las amigas que me ha traído hacer periodismo en América, quiero hablar de las primeras veces. A Marta del Vado, periodista de la Cadena Ser, la conocí en La Guajira colombiana. Después coincidimos en Estados Unidos donde la vi trabajar incansablemente para narrar los agitados años de la presidencia de Donald Trump. Ahora acaba de regresar a Madrid para presentar el programa La Ventana, uno de los de más audiencia de la radio española, y ha aprovechado su primera vez en ese espacio para que se escuche la voz de otra periodista cubana que tiene mucho que contar, Mónica Baró, quien habló de cuando tuvo que hacer sus maletas para poner rumbo al exilio.
Hoy estuve en Radio Cadena Ser con mi querida Marta Del Vado, en la primera emisión de un espacio que tendrá a partir de hoy en La Ventana. Hablé de mi exilio, del periodismo independiente, de la violación de DDHH en Cuba y los presos políticos. #SOSCubahttps://t.co/Bwqh1N7t11 pic.twitter.com/BJvLQRv2Wa
— Mónica Baró Sánchez ? (@Mona_Cuba) November 19, 2021
Este año, Mónica se fue a España por temor a acabar presa simplemente por hacer su trabajo de reportera y contar lo que pasa en la isla, algo que en Cuba está prohibido si no lo haces en los medios estatales. A ella, escribir de su país le llevó a sufrir “una fuerte violencia política y acoso” y a ser multada por sus publicaciones en redes sociales. Ese primer programa no solo me inspiró por el emotivo discurso de presentación en el que Marta habla de esas primeras veces en las que sigues adelante “aunque la voz y las piernas te tiemblen”, sino por cómo las mujeres podemos aprovechar los espacios que nos vamos abriendo para dejar la puerta abierta para otras y entre todas ir rompiendo los techos de cristal.
Según un informe del Programa de la Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) publicado en marzo del año pasado, una niña nacida hoy necesitaría más de 200 años para tener las mismas oportunidades, salario, derechos y poder que los hombres. Entre los factores que mantienen esa brecha de género están las ideas machistas que persisten de muchas maneras en nuestra sociedad —en hombres y mujeres— y que, según le dijo Raquel Lagunas, una de las asesoras de ese organismo, a mi compañera Alejandra Agudo “son inhibidores de oportunidades”. “Por ejemplo, a partir de los 12 años, las niñas empiezan a levantar menos la mano en clase; con lo que se restan posibilidades de expresar sus ideas. Es tres veces más difícil para las mujeres llegar a ser políticas por barreras externas, pero también por sesgos propios”, explicó.
Los techos de cristal que impiden avanzar a las mujeres en muchos ámbitos de nuestra sociedad tienen grietas que se van abriendo poco a poco. Esta semana, Kamala Harris se convirtió durante algo menos de una hora y media en la primera presidenta de Estados Unidos, mientras Joe Biden se sometía a un procedimiento médico. La noticia puede resultar anecdótica, pero con su investidura en enero como vicepresidenta rompió varios techos de cristal: es la primera mujer y la primera de una minoría étnica (negra y asiática) en jurar como número dos de la Casa Blanca. “Estoy aquí gracias a las mujeres que vinieron antes”, dijo entonces.
Esta semana también hemos tenido en las páginas de el paìs a pioneras en diferentes ámbitos. Nuestra corresponsal de Cultura, Camila Osorio, entrevistó a Raquel Coronell, la primera latina en dirigir el periódico de la universidad de Harvard, el Harvard Crimson, una publicación que en el pasado dirigieron o editaron los expresidentes de Estados Unidos John F. Kennedy y Franklin Delano Roosevelt. “Soy muy consciente de mi responsabilidad, sé que estoy ahora en la silla que ellos han ocupado”, le dijo esta semana a el paìs Coronell, hija de dos famosos periodistas colombianos que también tuvieron que exiliarse por su trabajo. Entre sus objetivos desde su nuevo puesto está el hacer de la publicación “una puerta abierta a los hispanos”.
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