El sarampión ha resurgido como una importante alerta sanitaria en 2026, dejando atrás su imagen como un problema del pasado. A medida que se reportan brotes en varios países, incluyendo México, los expertos subrayan que esta reaparición no es consecuencia de una mutación del virus, sino de una notable disminución en las tasas de vacunación.
Juan Camilo Lozano Rodríguez, gerente de Planeación de Salud en AXA Keralty, advirtió en un reciente análisis que el sarampión es uno de los virus más contagiosos conocidos. Una sola persona infectada puede transmitir la enfermedad a entre 18 y 20 personas, lo que puede desembocar en brotes inmediatos en comunidades donde la cobertura de vacunación es insuficiente.
La Secretaría de Salud de México destaca que el virus se transmite principalmente a través de gotitas de saliva expulsadas al toser o estornudar, contacto con secreciones de personas infectadas y por permanecer en el aire o en superficies durante períodos prolongados. Estos métodos de transmisión hacen que el virus se propague rápidamente, especialmente en lugares concurridos.
Los síntomas del sarampión, que pueden aparecer entre 10 a 14 días después de la exposición, incluyen fiebre alta, congestión nasal, tos persistente, ojos rojos y erupciones cutáneas. Además, la enfermedad puede llevar a complicaciones serias, como neumonía, encefalitis e incluso diarreas severas, que son particularmente peligrosas para niños pequeños y personas con sistemas inmunológicos comprometidos.
Lozano advirtió sobre el riesgo de subestimar la gravedad del sarampión. Las complicaciones no solo pueden requerir hospitalización, sino que también pueden resultar en secuelas a largo plazo. Además de las complicaciones inmediatas, la infección puede debilitar el sistema inmunológico, aumentando la vulnerabilidad a otras enfermedades tras haber superado el sarampión.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) insiste en que el sarampión sigue siendo una de las principales causas de mortalidad prevenible a nivel global. Se estima que para evitar brotes, al menos un 95% de la población necesita estar vacunada con la vacuna triple viral, que protege contra el sarampión, la rubéola y las paperas. Esta cobertura genera una inmunidad colectiva esencial para proteger a aquellos que no pueden ser vacunados, como los bebés menores de un año.
Bajo este contexto, la vacunación no se puede ver como una elección individual, sino como una responsabilidad colectiva. Cada persona vacunada contribuye a romper la cadena de transmisión, protegiendo así a los más vulnerables en la sociedad.
Lamentablemente, el descenso en las tasas de vacunación en algunos sectores indica una falta de continuidad en la prevención médica. Lozano enfatiza que el sarampión no es un desafío del pasado y que la vacunación es una de las estrategias más costo-efectivas para evitar hospitalizaciones y muertes.
Los expertos coinciden en que responder a brotes de sarampión no es suficiente. Es crucial instaurar una visión integral de la salud que priorice la prevención en lugar de solo reaccionar ante emergencias. Mantener altas tasas de vacunación es vital no solo para la salud pública, sino también para asegurar un bienestar social y económico sostenido.
La situación actual exige que se tomen medidas inmediatas para incrementar la concienciación sobre la importancia de las vacunas y su impacto en la salud comunitaria. Es prioritario recordar que prevenir el sarampión no solo es posible, sino que es una responsabilidad que todos compartimos.
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