Tras casi diez años de espera, Sony presentó la nueva RX1R III, una cámara compacta de gama alta que llega con un sensor de 61 megapíxeles y un lente fijo Zeiss 35mm f/2. Su potencia fotográfica es indiscutible: ofrece un nivel de detalle sobresaliente, colores mejorados en JPEG y un enfoque automático con inteligencia artificial que compite con lo mejor del mercado.
Sin embargo, el entusiasmo se ve opacado por varias decisiones de diseño. La RX1R III, que cuesta 5,100 dólares, es casi 2,000 dólares más cara que su predecesora y aún así carece de características básicas en este segmento, como estabilización de imagen en el cuerpo, sellado contra clima y un visor electrónico de alta resolución. Además, la nueva pantalla trasera perdió la articulación que permitía mayor versatilidad en la toma de fotos.
En comparación, rivales como la Fujifilm X100VI (1,800 dólares) o las Leica Q3 (más caras, pero con prestaciones superiores) parecen ofrecer un equilibrio más atractivo entre precio y funcionalidad.
Con todo, la RX1R III mantiene su atractivo en fotografía gracias a la combinación del sensor full-frame con el icónico lente Zeiss, capaz de producir imágenes con un estilo cercano al de Leica. Pero en un mercado con opciones cada vez más competitivas, muchos analistas coinciden en que Sony pudo haber hecho mucho más para justificar su elevado costo.
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