Una delegación de alto nivel del Gobierno de Estados Unidos estaría visitando Caracas con la intención de proponer a Nicolás Maduro un acuerdo económico destinado a suplir algunas demandas energéticas en su economía, vigentes luego de las sanciones a Rusia al invadir Ucrania.
La propuesta incluiría nuevas medidas para relajar las sanciones internacionales a Venezuela, dando a Caracas, además, opciones para recuperar su producción petrolera en un contexto de altos precios internacionales. Con esta iniciativa tentadora, Estados Unidos mueve sus fichas para intentar mitigar la influencia geopolítica de Rusia entre sus aliados latinoamericanos.
La información, publicada por The New York Times, ha sido recibida con enorme hermetismo entre fuentes locales y no ha sido comentada oficialmente. Voceros informados, sin embargo, dan como un hecho que las conversaciones están en desarrollo. Fuentes cercanas a la embajada de Estados Unidos en Venezuela confirmaron la visita oficial, pero afirmaron que la delegación de alto nivel —la más alta que visita al país en mucho tiempo— habría venido a Venezuela sólo para discutir la posible liberación de presos políticos estadounidenses en Venezuela, incluyendo a los seis gerentes de la filial Citgo. En la oposición venezolana —claramente perjudicada en esta ecuación— hay total hermetismo sobre la noticia.
Los mercados estadounidenses fueron el destino tradicional de las exportaciones petroleras venezolanas antes del arribo de Hugo Chávez al poder, en 1999. Luego de las sanciones al Gobierno de Nicolás Maduro, el vínculo había desaparecido casi por completo.
Francisco Monaldi, economista petrolero, académico y consultor internacional, aclara que la influencia de la producción petrolera venezolana actual en el mercado internacional —unos 800 mil barriles diarios— es modesta. “En el corto plazo, difícilmente Venezuela pueda mantener de forma sostenible la producción de un millón de barriles diarios” afirma. “Las escalas de producción de Rusia y Venezuela son incomparables; no hay un experto capaz de sostener que Venezuela tenga una influencia en el mercado energético en los próximos seis meses.”
El acuerdo puede tener sentido, de acuerdo con Monaldi, hacia el mediano plazo: el fin de las sanciones internacionales podría ofrecer a Venezuela la posibilidad de aumentar de forma clara su producción actual. El alto gobierno venezolano parece decidido a cambiar el marco institucional de inversiones para fomentar de forma decidida la participación privada en sus yacimientos, que son los más abundantes en reservas de todo el mundo.
“Ahora mismo, a Estados Unidos le interesa especialmente suplir unos 500.000 barriles diarios de crudo pesado y derivados que estaba vendiendo Rusia a Estados Unidos, adecuado para sus refinerías en el Golfo de México, y que años atrás producía Venezuela”, dice Monaldi, y agrega que nada de esto va a resolver, por sí solo, los nudos vinculados al encarecimiento de los combustibles.
Desde el gobierno de Donald Trump, mientras Maduro consolidaba su autocracia, Caracas ha enviado numerosos mensajes conciliadores a la Casa Blanca proponiendo una coexistencia mutua y acuerdos en materia energética con facilidades para la inversión, que comprendan el fin de las sanciones internacionales a su gobierno, acusado de forjar su reelección y destruir la democracia del país. Luego de años negando la existencia de una crisis, el discurso oficial del estado venezolano achaca a las sanciones internacionales el derrumbe de la economía y los males más importantes del país.
Por otro lado, en los últimos dos años han sido muy claros los pasos dados por Venezuela para reforzar su alianza política en Rusia, que tiene un capítulo muy sobresaliente en el campo militar. Maduro ha justificado y respaldado de forma expresa la invasión rusa a Ucrania.
Una fuente vinculada al sector privado de la producción local de petróleo, que prefirió mantener su nombre en reserva, comenta que, con esta iniciativa, la administración Biden puede ofrecer a Caracas levantar sus sanciones, o reducirlas significativamente, a cambio de que Maduro organice una elecciones limpias y verificables en 2024 que terminen de raíz las tensiones entre Estados Unidos y Venezuela.
Hace poco, Diosdado Cabello, número dos del régimen, declaró por segunda vez que “no se sabe” cuándo serán las elecciones presidenciales en Venezuela, argumentando que ante el acoso de Estados Unidos y Europa a su gobierno, tal cosa luce cuesta arriba.
El republicano Marco Rubio declaraba, al conocer la noticia de estas negociaciones, que “Biden está usando la excusa de Rusia para proponer el acuerdo que siempre quiso hacer a Maduro. En lugar de producir más petróleo local, quieren reemplazar el petróleo que comparaba a un dictador asesino (Putin), comprando a otro dictador y asesino (Maduro).”
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