En enero de 2026, un hogar típico de cuatro integrantes en México enfrentó la dura realidad de necesitar un ingreso mínimo de 19,372 pesos mensuales para cubrir sus necesidades básicas, que incluyen tanto la canasta alimentaria como la no alimentaria en zonas urbanas. En contraste, una familia en áreas rurales requirió 13,863 pesos para alcanzar el mismo objetivo, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Estos montos marcan un aumento significativo y están considerados los más altos registrados hasta la fecha.
Alejandro Gómez, economista y fundador de un grupo de asesores económicos, resalta que estas cifras reflejan una creciente crisis para millones de hogares mexicanos, quienes ya están resintiendo fuertemente la inflación en sus presupuestos familiares.
El Inegi también detalló que en las zonas urbanas, una persona necesita al menos 4,843.11 pesos para acceder a ambas canastas, lo que representa un incremento del 3.9% en comparación con el año anterior. A nivel rural, el ingreso mínimo requerido fue de 3,465.76 pesos, mostrando un alza del 3.7%.
Este incremento se traduce en que una familia de cuatro integrantes debe destinar 730 pesos más que el año pasado solo para acceder a lo básico en áreas urbanas, y 494 pesos adicionales en el campo. La escalada de precios se ha visto impulsada principalmente por el aumento en el costo de alimentación, transporte público y servicios educativos, que han perjudicado a la población en general.
Las cifras de pobreza también revelan una situación alarmante: en 2024, 46 millones de mexicanos —equivalente al 35.4% de la población nacional— no contaban con los recursos suficientes para adquirir tanto la canasta alimentaria como la no alimentaria, es decir, uno de cada tres nacionales se encontraba en esta lamentable situación.
El contenido de las canastas incluye productos esenciales para la alimentación, como maíz, trigo, arroz, diversas carnes, lácteos y hortalizas, así como bienes no alimentarios que comprenden servicios de limpieza, transporte, educación y herramientas de salud. En enero de 2026, el costo de la canasta alimentaria fue de 2,486.40 pesos en áreas urbanas y de 1,863.17 pesos en rurales, marcando aumentos superiores a la inflación general, lo que refleja un encarecimiento notable de los productos básicos.
Los datos indican que en 2024, 12.1 millones de individuos no eran capaces de adquirir esta canasta alimentaria, lo que subraya aún más la creciente desigualdad económica en el país. Las familias más afectadas por esta crisis son aquellas de menores ingresos, que destinan un porcentaje mucho mayor de sus recursos a la compra de alimentos, a diferencia de los hogares con mayores recursos.
El incremento en los precios de los alimentos, especialmente de productos como el bistec de res y la leche pasteurizada, son algunos de los factores que más impactaron la inflación en este sector. Ante ello, es evidente que el costo de lo esencial está aumentando a un ritmo alarmante, lo cual no solo afecta la economía de los hogares más vulnerables, sino que también desafía la capacidad de los ciudadanos para cubrir sus necesidades básicas en un contexto ya de por sí complicado.
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