Fernanda ha pasado sola los casi 100 años de vida que tiene. Ha estado encerrada en un corral natural formado por lava en la isla Fernandina de Galápagos, una de las más inhóspitas e inaccesibles debido a la constante actividad volcánica. Como no podía salir de ese kilómetro cuadrado aislado, que es como una isla de bosque seco en medio de un paisaje lunar, es una tortuga hembra más pequeña de lo normal. Para ser una tortuga gigante, su caparazón mide 54 centímetros. “Es muy probable que haya tenido falta de acceso de alimentación y agua durante todos esos años”, cuenta Danny Rueda, director del Parque Nacional de Galápagos. No solo ha vivido como náufraga hasta 2019, cuando fue hallada por una expedición, sino que lo es también respecto de su especie. Es el único ejemplar vivo de Chelonoidis phantasticus, lo que desmiente que su familia se hubiese extinguido por completo hace más de 100 años.
El último macho fue registrado en 1906 por la Academia de Ciencias California. Pero Fernanda es hoy la muestra de que podría haber más como ella. Es la esperanza del Parque Nacional de Galápagos de encontrar a otras tortugas gigantes de su estirpe con las que poder repoblar la única isla del archipiélago que no tenía hasta ahora una variedad propia. “Necesitamos al menos una hembra y un macho más, porque si solo encontramos un macho, la descendencia podría tener luego problemas genéticos al tratarse de un cruce entre hermanos”, comenta el director del Parque Nacional.
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