Una innovadora prueba de autotoma desarrollada en México está lista para transformar la detección del virus del papiloma humano (VPH), causante del cáncer cervicouterino, que, lamentablemente, sigue siendo un problema de salud crítico. Este test, que ha sido creado en el Laboratorio Nacional de Soluciones Biomiméticas para Diagnóstico y Terapia de la UNAM, emplea la hibridación, una técnica de biología molecular similar a la PCR. Su principal ventaja radica en la capacidad de identificar fragmentos del material genético del virus a través de un biosensor portátil, logrando resultados en tan solo 30 minutos.
El cáncer cervicouterino es el segundo más mortal entre mujeres mexicanas, y en 2024, se reportaron 4.646 muertes a causa de esta enfermedad, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía. Las infecciones persistentes de VPH son el principal factor de riesgo para el desarrollo anormal de células que puede llevar al cáncer. Este preocupante panorama ha llevado a los científicos a buscar alternativas más accesibles para las mujeres.
Tatiana Fiordelisio, responsable del LanSBioDyT y del proyecto, enfatiza que el principal obstáculo para un diagnóstico oportuno reside en la forma en que tradicionalmente se toma la muestra. La prueba de papanicolau, que se utiliza comúnmente, requiere enviar muestras a un laboratorio y se encuentra cargada de barreras culturales, morales y económicas. Muchas mujeres en México enfrentan dificultades para acceder a atención médica, especialmente en áreas rurales, y el costo de consultas privadas puede ser prohibitivo. Además, existen problemas sociales que impiden que muchas mujeres se sometan a estas pruebas, como el machismo que prevalece en ciertas relaciones.
El equipo de Fiordelisio ha estado trabajando en el biosensor desde 2016, inicialmente creando dispositivos para medir moléculas como la insulina o la glucosa, y más tarde enfocándose en el SARS-CoV-2 durante la pandemia. Con el éxito en la detección de ácidos nucleicos del virus responsable del COVID-19, redirigieron sus esfuerzos hacia el VPH.
La prueba de autotoma se realiza de manera simple: la paciente introduce un pequeño cepillo en la vagina para tomar una muestra, que es analizada por un lector portátil que ofrece el resultado en casi media hora. Este dispositivo, de un tamaño similar al de una impresora casera, facilita la autotoma de muestras y se espera que sea un cambio significativo en la accesibilidad de pruebas diagnósticas.
El biosensor puede detectar hasta diez genotipos del VPH de alto riesgo. Al cabo de media hora, el equipo devuelve un resultado visual: un color rojo indica la presencia de los tipos 16 y 18, que están asociados con aproximadamente el 65% de los casos de cáncer cervicouterino. Otras tonalidades pueden señalar diferentes variantes con potencial cancerígeno, aunque de menor incidencia.
Actualmente, el biosensor se encuentra en proceso de validación clínica ante la Comisión Federal contra la Protección de Riesgos Sanitarios (Cofepris). Una vez que obtenga la aprobación requerida, el siguiente paso será buscar la inversión necesaria para su producción. Como señala Fiordelisio, pasar de una promesa de desarrollo tecnológico a una realidad aplicable consta de un gran reto: “Por más bueno que sea un desarrollo, si no hay inversión, se queda en el laboratorio”, finaliza.
Esta prueba representa una esperanza notoria para las mujeres en México y podría convertirse en una herramienta crucial para la prevención del cáncer cervicouterino. Con el respaldo científico y la innovación tecnológica, el panorama para la salud femenina podría radicalmente mejorar.
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