En mayo de 2015, un empresario surcoreano regresó de un viaje de negocios por el golfo Pérsico. Sin saberlo, este ciudadano llevaba en su cuerpo un virus respiratorio desconocido en Corea del Sur. Se trataba del MERS-CoV, un coronavirus propio de los dromedarios detectado en humanos por primera vez tres años antes. Su letalidad fue y es muy superior a la del actual SARS-CoV-2, matando entonces al 32% de los infectados. Por fortuna, en aquel brote el virus solo afectó a unos dos centenares de personas, casi todos sanitarios. Ahora, un estudio compara aquel patógeno con las distintas cepas presentes en estos animales. Han descubierto que unos pocos cambios en el genoma viral protege a los humanos de la mayoría de las variantes por ahora.
El virólogo de la Universidad de Hong Kong Malik Peiris es uno de los que se niega a olvidarse del MERS. Lleva investigándolo casi desde que se detectó su salto de los dromedarios a los humanos. Reconoce que parte del olvido se debe a la relativa baja eficacia del virus: “La mayoría de las amenazas de enfermedades infecciosas emergentes surgen de los animales. Muchas de ellas se propagan de animal a humano con una transmisión mínima entre humanos, es el caso de la gripe aviar H5N1. Otras se transmiten a los humanos y también eficientemente entre humanos, por ejemplo, la pandemia de H1N1 de 2009, el SARS de 2003, que se propagó por todo el mundo, pero que se controló y la covid. Luego hay otros que caen en el medio, es el caso del MERS-CoV”, dice.

El MERS-CoV emergió en 2012 cuando las autoridades sanitarias saudíes detectaron varios casos de una enfermedad que acabaron llamando Síndrome Respiratorio de Oriente Medio (MERS, por sus siglas en inglés). Estudios posteriores comprobaron dos cosas: por un lado, que aquel nuevo patógeno tenía una elevada prevalencia entre los dromedarios y, por el otro, que antes de ellos venía de otro animal. No se ha encontrado la prueba definitiva, pero la genética apunta a alguna especie de murciélago por identificar. En aquel primer brote, casi el 40% de los afectados murieron. Pero la mayoría eran personas que habían estado en contacto estrecho con los camélidos y hubo pocos episodios de transmisión comunitaria. Dejando el explosivo brote coreano, desde entonces, ha habido 2.000 personas afectadas, más del 90% en Arabia Saudí y los pequeños países del golfo. Esa concentración y los pocos casos de contagio entre personas casi han dejado en el olvido a la que es una de las principales amenazas para la humanidad, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
En efecto, todos los años hay decenas de saltos de animales a humanos, pero solo en unas ocasiones hay transmisión comunitaria. “Tiene la capacidad de transmitirse entre humanos, pero no se ha adaptado por completo para una transmisión humana sostenida”, comenta Peiris. “Pero sabemos que en sus primeras etapas con el SARS de 2003 se dio una situación similar antes de que el virus se adaptara para adquirir la capacidad de esta transmisión sostenida. Por eso es que el MERS-CoV sigue siendo un virus de preocupación pandémica, incluso en plena covid”, advierte.


