El vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, ha dejado en claro su postura sobre la situación con Irán, reafirmando que no habrá transferencia de fondos congelados como contraprestación a la firma del memorando que busca poner fin a la guerra. En entrevistas recientes con ABC y CNBC, Vance subrayó la importancia de que el estrecho de Ormuz permanezca abierto sin cobro de peajes, mientras que fijó límites claros en la implementación del acuerdo que es objeto de negociaciones avanzadas.
En este contexto, Vance confirmó que el memorando fue firmado digitalmente el pasado domingo, pero aclaró que no hubo cambios en la transferencia de activos en ese acto. “No se ha liberado ningún fondo, y eso no va a cambiar”, afirmó en su entrevista. Este enfoque refleja la firmeza de Washington en demandar acciones concretas y verificables por parte de Teherán, como la eliminación de sus reservas de uranio altamente enriquecido y la aceptación de un régimen de inspecciones, a fin de asegurar que Irán no avance hacia la fabricación de un arma nuclear.
Respecto a la perspectiva sobre Ormuz, el vicepresidente estadounidense enfatizó que la posición de su gobierno es que el estrecho debe seguir abierto a largo plazo, algo que fue respaldado por las declaraciones del presidente francés, Emmanuel Macron, quien se comprometió a hacer lo posible para prevenir restricciones al tránsito marítimo. Los gobiernos de Francia, Alemania, Reino Unido e Italia también han celebrado el acuerdo, insistiendo en la necesidad de una navegación sin limitaciones.
Las negociaciones hasta ahora han evidenciado una notable asimetría en las posiciones de ambas partes. Mientras Washington exige la destrucción de las reservas de uranio enriquecido y el desmantelamiento del programa nuclear iraní, Teherán ha insistido en su derecho a continuar con el enriquecimiento de uranio. El canciller iraní, Abás Araqchi, sugirió una solución que implicaría la dilución del uranio dentro de Irán, un enfoque que contradice las condiciones planteadas por la Casa Blanca.
Por su parte, Irán no solo se niega a ceder el control sobre el estrecho de Ormuz, sino que también exige la liberación inmediata de 24,000 millones de dólares en fondos congelados. La Casa Blanca, sin embargo, sostiene que Irán debe comprometerse a no desarrollar armas nucleares y a frenar el financiamiento a grupos considerados terroristas, antes de recibir cualquier tipo de alivio económico.
El próximo paso en este proceso es la ceremonia de firma que se llevará a cabo el viernes 19 de junio en Suiza, donde se espera la presencia del ministro de Exteriores iraní, así como del presidente de la Cámara de Representantes de Irán. A su vez, Vance no especificó quién acudirá en representación de Estados Unidos, pero destacó la importancia de avanzar hacia un acuerdo sostenible.
El pacto, aunque preliminar, dará paso a un periodo de 60 días en el que ambas partes buscarán alcanzar un acuerdo permanente que resuelva las discrepancias existentes. Las cuestiones más complejas, como la gestión del uranio enriquecido, la infraestructura nuclear y los mecanismos de verificación, seguirán siendo objeto de discusión en mesas de diálogo posteriores.
En resumen, la distancia entre las interpretaciones iraníes y estadounidenses sobre el acuerdo sugiere que las turbulencias en este proceso de negociaciones están lejos de acabar. A medida que ambas partes se preparan para lo que podría ser un momento decisivo en la historia de sus relaciones, el camino hacia una paz duradera en Medio Oriente aún parece largo y complicado.
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