Este domingo 21 de junio de 2026, un evento astronómico de gran relevancia ocurrirá: el solsticio de verano. Este fenómeno marca el inicio oficial del verano en el hemisferio norte y el invierno en el hemisferio sur, un momento que ha intrigado y fascinado a la humanidad a lo largo de la historia.
El solsticio de verano no solo se asocia con las altas temperaturas y las vacaciones. Es, ante todo, un fenómeno que refleja la compleja relación entre la Tierra y el Sol, un vínculo que diversas culturas han celebrado durante milenios. En México, se espera que este evento tenga lugar a las 02:24 horas, tiempo del centro del país, momento en el cual se dará inicio al verano astronómico.
Una de las características más notables de este día es que representa el más largo del año en términos de luz solar; en muchas ciudades, se experimentarán más de 13 horas de luz continua. Este fenómeno se debe a la inclinación del eje terrestre, que, a aproximadamente 23.5 grados, provoca que el hemisferio norte reciba mayor radiación solar.
Desmitificando creencias populares, es crucial señalar que el verano no acontece porque la Tierra esté más cerca del Sol. De hecho, el 6 de julio, nuestro planeta alcanzará el afelio, el punto más distante en su órbita respecto a la estrella, a unos 150 millones de kilómetros. Las estaciones dependen de la inclinación del eje terrestre y no de la distancia al Sol.
El concepto de “solsticio” proviene del latín “solstitium”, que significa “Sol detenido.” Durante este período, el Sol parece alcanzar un punto máximo en el cielo y su posición cambia poco durante varios días, lo que ha sido motivo de fascinación para quienes observan el cielo.
Otro aspecto fascinante es que, mientras ocurren los solsticios en el hemisferio norte, el Ártico experimenta un fenómeno conocido como “sol de medianoche”, donde algunas regiones disfrutan de 24 horas continuas de luz solar. Por otro lado, el Polo Sur permanece sumido en la oscuridad.
Curiosamente, el amanecer más temprano y el atardecer más tardío no necesariamente ocurren el mismo día del solsticio, debido a variaciones en la órbita terrestre y en la medición del tiempo solar. En México, durante este tiempo, el sol se posiciona directamente sobre el Trópico de Cáncer, lo que explica por qué el hemisferio norte recibe más radiación solar en esta época.
En regiones tropicales cercanas al Trópico de Cáncer, se puede observar el fenómeno de “sombra cero”, donde los objetos proyectan sombras mínimas alrededor del mediodía, resultando en una experiencia única.
Históricamente, los pueblos antiguos utilizaron los solsticios como calendarios naturales, organizando sus ciclos agrícolas y festividades en base a estos eventos. En Mesoamérica, civilizaciones como los mayas construyeron estructuras que se alineaban con fenómenos solares, evidenciando la importancia de estas observaciones.
Finalmente, el verano boreal brinda una de las mejores temporadas para observar el cielo nocturno. Durante esta época, se pueden contemplar constelaciones y objetos astronómicos de gran belleza, siendo el Triángulo de Verano —formado por las estrellas Vega, Altair y Deneb— uno de los más destacados.
El solsticio de verano es un recordatorio de que las estaciones no dependen de la distancia a la que se encuentra nuestro planeta del Sol, sino de la inclinación de la Tierra en el espacio. Este movimiento, que ha existido durante millones de años, continúa marcando el ritmo de la vida en la Tierra, un fenómeno que sigue siendo relevante y fascinante para la humanidad.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.


