A medida que el mundo avanza, algunas historias resuenan con una relevancia creciente, y Fellow Travelers es un notable ejemplo de esta tendencia. Ambientada en la década de 1950, en un tiempo marcado por el miedo y la homofobia en Estados Unidos, esta ópera, que tuvo su estreno en Cincinnati en 2016, ha recorrido un camino sorprendente desde su publicación inicial como novela en 2007 por el autor Thomas Mallon. Con el décimo aniversario de su estreno, Fellow Travelers se encuentra actualmente en gira, visitando ciudades como Portland y San Diego, del 7 al 15 de marzo.
Este drama de dos horas relata una desgarradora historia de amor entre dos hombres en medio de la política discriminatoria de la época, una época denominada la “Lavender Scare”. Durante ese tiempo, miles de personas LGBTQ+ fueron objeto de vigilancia y despidos del gobierno estadounidense, opacando su humanidad con un estigma penitencial. Este ambiente de miedo se inserta en un contexto más amplio junto al infame ‘Red Scare’, pero desgraciadamente, muchos aún desconocen las profundidades de esta historia menos discutida.
La reciente presentación en Seattle fue todo un éxito, con 10,000 entradas vendidas para sus seis funciones. La ópera fue interpretada por un elenco diversificado, donde figuras como Colin Aikins, Jarrett Ott y Amber R. Monroe presentaron actuaciones que capturaron la atención del público. Entre los personajes, se destaca Mary, quien se convierte en la brújula moral de la producción, aportando una perspectiva necesaria a la narrativa.
Sin embargo, aunque se han resuelto algunas cuestiones legales como la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo en 2015, el director de escena, Kevin Newbury, advierte que el contexto político actual refleja un nuevo brote del ‘Lavender Scare’. En sus palabras, el gobierno actual parece “intentar borrar nuestra historia”, siendo evidente que hay un intento sistemático de despojar a la comunidad trans y no binaria de su visibilidad y voz. Así, el eco de la historia se siente cercano, y las luchas no están tan distantes.
La esencia de Fellow Travelers radica en su representación del amor más que en el odio. Newbury, quien comenzó a adaptar la novela en ópera mucho antes de su estreno, sostiene que una buena historia de amor tiene el poder de cambiar corazones y mentes. En su representación, los movimientos escénicos, coreografiados en cada abrazo y beso, se desarrollan con la sutileza de una danza cuidadosamente planeada, lo que permite que la historia fluya a pesar del contexto opresivo de vigilancia.
El equipo de Fellow Travelers ha tenido la visión de escalar esta obra para un público más amplio, con la esperanza de que algún día pueda llegar a Broadway. Los preparativos para cada presentación se adaptan a las dimensiones de los escenarios, y las innovaciones escénicas, como la transformación de seis grandes archivos en tres más manejables, subrayan la flexibilidad del espectáculo.
En cada función, un proyecto adicional, el Lavender Names Project, recoge historias y fotos de personas LGBTQ+ que vivieron las secuelas del ‘Lavender Scare’, creando un espacio adicional para la reflexión y la conexión con el pasado. Este tributo visual, presentado al final de la obra, sirve como un recordatorio conmovedor de las luchas pasadas y presentes.
A medida que la ópera sigue su recorrido, su relevancia en el presente apenas hace eco de las luchas y esperanzas de una comunidad que continúa buscando visibilidad y aceptación frente a la adversidad. El arte, en su forma más pura, tiene el poder de no solo contar historias, sino también de unir a las comunidades en torno a sus verdades, y Fellow Travelers es un brillante testimonio de esa fuerza transformativa.
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