En la frontera de Chiapas con Guatemala, los habitantes han sido golpeados fuertemente por el crimen organizado. Desde balaceras hasta el reclutamiento forzado de jóvenes, los habitantes de esta zona han vivido en un ambiente hostil y lleno de terror. Las autoridades parecen no tener una solución óptima para resolver esta problemática.
El creciente poder del crimen organizado en esta región ha provocado que los habitantes se sientan cada vez más vulnerables. La ausencia de un estado de derecho fuerte y capaz de actuar, ha dejado a la población indefensa. Las balaceras son cada vez más frecuentes, los jefes de pandillas imponen sus propias reglas y millones de personas han sido afectadas por esta situación.
Las autoridades parecen estar limitadas para tomar medidas efectivas que logren acabar con la violencia desatada en la zona. La población ruega por una solución a este problema. Una solución que garantice la seguridad de todos aquellos habitantes que han sido víctimas de la violencia criminal.
Mientras tanto, los habitantes se ven obligados a vivir con miedo, a perder a familiares y amigos cercanos, y a encomendarse a Dios para poder sobrevivir en esta zona en la que los monstruos parecen haberse adueñado del territorio.
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