En el dinámico panorama de la industria vitivinícola, el 2025 se perfila como un año crucial para el crecimiento del vino de Querétaro. Esta región, situada en el corazón de México, se enfrenta a la ambivalente situación de mostrar avances significativos mientras navega por retos de magnitud global. La elevada carga impositiva, la competencia de vinos extranjeros y la caída del consumo en ciertas áreas del mundo han colocado al sector en un estado de alerta y adaptación.
Eugenio Parrodi Wiechers, presidente del Clúster Vitivinícola de Querétaro (CVQ), ha destacado que, aunque se vislumbre un crecimiento, este será cauteloso en comparación con años anteriores. “El decrecimiento en el consumo europeo ha llevado a la industria a explorar mercados emergentes”, explicó Parrodi, subrayando el papel fundamental que juega la calidad del vino mexicano frente a la avalancha de importaciones.
Una de las mayores dificultades que enfrenta el sector es la carga fiscal que recae sobre el vino nacional: un 50% del costo de cada botella corresponde a impuestos. Para contrarrestar esta desventaja, los productores apuntan a la calidad del producto como un diferenciador clave, apoyándose en la reciente obtención de la Indicación Geográfica Protegida (IGP) que otorga un sello distintivo a los vinos de Querétaro.
A través de este reconocimiento, que marca un hito como la primera IGP de vino en México, se ha abierto la puerta a nuevas oportunidades para posicionar el vino queretano en un mercado cada vez más competitivo. Sin embargo, la lucha por reducir el Impuesto Especial sobre Productos y Servicios (IEPS) continúa, con iniciativas como la presentada por la diputada federal Tania Palacios Kuri, que propone una disminución del impuesto del 26.5% al 10%. Esta medida podría resultar crucial para elevar la competitividad del vino mexicano.
En el ámbito del posicionamiento, la región ha podido consolidar su presencia en el mercado, no sólo gracias a la calidad de su producción, sino también por el impulso del enoturismo. Este fenómeno se ha convertido en uno de los pilares turísticos de Querétaro, mientras que la temporada de vendimias, que inicia en junio y culmina en octubre con un festival del vino, atrae a visitantes y promueve la cultura vitivinícola.
Con una producción anual de 3.5 millones de botellas, Querétaro se posiciona como el tercer mayor productor de vino en México, abarcando aproximadamente 600 hectáreas de viñedos. De los 18 municipios del estado, ocho son reconocidos como productores de vino, mientras que otros cuatro tienen potencial para contribuir a este crecimiento. La IGP de Querétaro se destaca por ser la región vinícola más al sur del hemisferio norte, un área donde las condiciones climáticas, como los microclimas y la altura, presentan tanto desafíos como oportunidades para los viticultores.
En este contexto, el futuro del vino queretano parece prometedor, aunque el sector deberá continuar adaptándose a las condiciones cambiantes del mercado global. La rica tradición vitivinícola de Querétaro, siempre en elevación, augura un camino lleno de posibilidades, donde la calidad y la autenticidad podrían ser las claves para conquistar paladares tanto nacionales como internacionales.
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