VIVENCIAS CIUDADANAS – EL MAYOR PROBLEMA DEL GOBIERNO

Por Teodoro Lavín León

Hay un pro­blema que pocas veces se reco­noce desde el poder, pero que hoy se ha con­ver­tido en uno de los prin­ci­pa­les obs­tá­cu­los para cual­quier admi­nis­tra­ción pública: la falta de cre­di­bi­li­dad. Un gobierno puede tra­ba­jar, anun­ciar pro­gra­mas, ofre­cer solu­cio­nes y rea­li­zar con­fe­ren­cias de prensa recu­rren­te­mente, lle­nar las redes socia­les de decla­ra­cio­nes de fun­cio­na­rios con fotos de un supuesto acuerdo ; sin embargo, vemos que la comu­ni­ca­ción como se rea­liza, la ciu­da­da­nía no cree en su pala­bra, debido a que el esfuerzo de comu­ni­ca­ción no cum­ple con su fun­cíon ter­mina per­diendo efi­ca­cia por que la comu­ni­ca­ción no comu­nica.

Eso es pre­ci­sa­mente lo que hoy ocu­rre en More­los.

Los acon­te­ci­mien­tos de los últi­mos días alre­de­dor de la pro­puesta para crear un nuevo esquema ins­ti­tu­cio­nal rela­cio­nado con las pen­sio­nes han dejado al des­cu­bierto una rea­li­dad preo­cu­pante. Más allá del con­te­nido de la ini­cia­tiva, lo ver­da­de­ra­mente impor­tante es la reac­ción de miles de tra­ba­ja­do­res y pen­sio­na­dos, quie­nes die­ron por hecho que sus dere­chos serían afec­ta­dos antes de con­fiar en las expli­ca­cio­nes ofi­cia­les.

Diver­sos fun­cio­na­rios han insis­tido en que no existe la inten­ción de redu­cir las pen­sio­nes ni de afec­tar dere­chos adqui­ri­dos. Han expli­cado que toda­vía habrá mesas de tra­bajo con repre­sen­tan­tes sin­di­ca­les y que el pro­yecto será dis­cu­tido antes de cual­quier deci­sión defi­ni­tiva. Sin embargo, esos men­sa­jes sim­ple­mente no logra­ron su obje­tivo.

La prueba está en los hechos, los sin­di­ca­li­za­dos del poder eje­cu­tivo salie­ron a defen­der sus dere­chos . El sin­di­cato del poder eje­cu­tivo no acepta cam­bio alguno en las pen­sio­nes .

Hubo movi­li­za­cio­nes, lla­ma­dos en redes socia­les, reu­nio­nes de emer­gen­cia y una intensa cir­cu­la­ción de ver­sio­nes que ase­gu­ra­ban que la ini­cia­tiva sería apro­bada de inme­diato. Muchas per­so­nas actua­ron con­ven­ci­das de que las deci­sio­nes ya esta­ban toma­das, pese a las decla­ra­cio­nes ofi­cia­les en sen­tido con­tra­rioy o de mala comu­ni­ca­ción.

Cuando una socie­dad reac­ciona de esa manera, el pro­blema deja de ser úni­ca­mente polí­tico. Se con­vierte en un pro­blema de con­fianza.

No basta con decir que una infor­ma­ción es falsa. No basta con orga­ni­zar con­fe­ren­cias de prensa. No basta con publi­car videos en redes socia­les. Si el ciu­da­dano escu­cha al gobierno y, aun así, decide creer otra ver­sión, sig­ni­fica que existe una rup­tura entre quien comu­nica y quien recibe el men­saje.

Y esa rup­tura no apa­re­ció de un día para otro.

La cre­di­bi­li­dad se cons­truye durante años y puede per­derse en muy poco tiempo. Cada pro­mesa incum­plida, cada anun­cio que ter­mina siendo dife­rente a la rea­li­dad, cada expli­ca­ción tar­día y cada deci­sión poco clara van acu­mu­lando un des­gaste que ter­mina refle­ján­dose en momen­tos como el actual.

Hoy el pro­blema no es úni­ca­mente la dis­cu­sión sobre las pen­sio­nes. Mañana podrá ser el trans­porte público, la segu­ri­dad, la obra pública o cual­quier otro tema de inte­rés social. Si la ciu­da­da­nía parte de la idea de que el gobierno no dice toda la ver­dad, cual­quier expli­ca­ción ofi­cial será reci­bida con des­con­fianza.

Eso repre­senta un enorme desa­fío para cual­quier admi­nis­tra­ción.

Resulta evi­dente que existe una dife­ren­cia muy grande entre infor­mar y hacer publi­ci­dad.

La publi­ci­dad busca gene­rar una per­cep­ción favo­ra­ble. La infor­ma­ción busca expli­car la rea­li­dad, incluso cuando ésta resulta incó­moda. Con­fun­dir ambas cosas ter­mina pro­vo­cando exac­ta­mente el efecto con­tra­rio al que se pre­tende.

Las redes socia­les son una herra­mienta extraor­di­na­ria para comu­ni­car, pero no sus­ti­tu­yen la cre­di­bi­li­dad. Se puede inver­tir tiempo, recur­sos y crea­ti­vi­dad en pro­du­cir videos, foto­gra­fías y cam­pa­ñas digi­ta­les; sin embargo, si no esta pro­fe­sio­na­mente hecha, el ciu­da­dano siente que úni­ca­mente le pre­sen­tan una ver­sión par­cial de los hechos, difí­cil­mente modi­fi­cará su per­cep­ción, por que no lo con­vence.

La con­fianza no nace de un buen diseño grá­fico ni de un video bien edi­tado. Nace de la cohe­ren­cia entre lo que se dice y lo que final­mente sucede.

En ese con­texto tam­bién resulta nece­sa­rio hacer una refle­xión sobre el tra­bajo coti­diano de la gober­na­dora. Es evi­dente que man­tiene una agenda intensa, reco­rre muni­ci­pios, inau­gura obras, sos­tiene reu­nio­nes y par­ti­cipa dia­ria­mente en acti­vi­da­des públi­cas. Esa pre­sen­cia cons­tante refleja un esfuerzo per­so­nal que difí­cil­mente puede negarse.

La pre­gunta es otra: ¿la infor­ma­ción de ese tra­bajo está lle­gando de manera efec­tiva a la ciu­da­da­nía?

Por­que una cosa es rea­li­zar las acti­vi­da­des y otra muy dis­tinta lograr que la pobla­ción las conozca, las com­prenda y, sobre todo, las crea.

Ahí parece encon­trarse una de las prin­ci­pa­les debi­li­da­des de la admi­nis­tra­ción esta­tal.

No basta con gene­rar con­te­nido como publi­ci­dad, para redes socia­les si el men­saje no resulta hecho ade­cua­da­mente creí­ble. No basta con mul­ti­pli­car publi­ca­cio­nes si quie­nes las reci­ben con­si­de­ran que falta infor­ma­ción o que úni­ca­mente se mues­tra la parte con­ve­niente.

La comu­ni­ca­ción guber­na­men­tal no debe­ría medirse por el número de publi­ca­cio­nes rea­li­za­das ni por la can­ti­dad de repro­duc­cio­nes obte­ni­das. Su ver­da­dero éxito se refleja cuando la ciu­da­da­nía con­fía en la pala­bra ins­ti­tu­cio­nal.

Hoy esa con­fianza parece encon­trarse seria­mente debi­li­tada.

Quizá sea momento de revi­sar la estra­te­gia de comu­ni­ca­ción del gobierno esta­tal. No para pro­du­cir más pro­pa­ganda, sino para recu­pe­rar la cre­di­bi­li­dad. Por­que un gobierno puede enfren­tar pro­ble­mas finan­cie­ros, polí­ti­cos o admi­nis­tra­ti­vos y aún tener mar­gen para resol­ver­los. Lo ver­da­de­ra­mente com­pli­cado comienza cuando la socie­dad deja de creer en su pala­bra.Y esa parece ser, hoy por hoy, la mayor tarea pen­diente en More­los. ¿ no cree usted?

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