VIVENCIAS CIUDADANAS – LA MANO NEGRA EN LA UAEM

Por Teodoro Lavín León

El con­flicto en la Uni­ver­si­dad Autó­noma del Estado de More­los (UAEM) ha entrado en una fase espe­cial­mente deli­cada tras el rom­pi­miento de las plá­ti­cas entre la rec­to­ría y el movi­miento estu­dian­til. Lo que pare­cía enca­mi­narse, con difi­cul­ta­des pero con volun­tad, hacia un espa­cio de diá­logo, hoy se encuen­tra nue­va­mente empan­ta­nado. Y no nece­sa­ria­mente por la falta de dis­po­si­ción de las par­tes direc­ta­mente invo­lu­cra­das, sino por la cre­ciente intro­mi­sión de acto­res exter­nos que, lejos de con­tri­buir a la solu­ción, pare­cen apos­tar por el des­gaste, la con­fron­ta­ción y el caos.

En este con­texto, han cobrado pro­ta­go­nismo figu­ras como Her­tino Avi­lés, maes­tro de la Facul­tad de Dere­cho, y la magis­trada Clara Soto, quien tiene tiempo com­pleto y está como inves­ti­ga­dora (con lo que no cum­ple) y Mario Rojas e Isa­bel León, que no tie­nen vela en el entie­rro, como lo señala nues­tro dia­rio y, junto con diver­sos acto­res vin­cu­la­dos a Morena y per­so­na­jes que, según nos infor­man, son acto­res cer­ca­nos al exgo­ber­na­dor Graco Ramí­rez, han inter­ve­nido en un con­flicto que, en esen­cia, per­te­nece a la comu­ni­dad uni­ver­si­ta­ria. Su pre­sen­cia ha gene­rado sos­pe­chas, ten­sio­nes adi­cio­na­les y una clara dis­tor­sión del obje­tivo cen­tral de encon­trar solu­cio­nes rea­les a las deman­das estu­dian­ti­les y res­ta­ble­cer la esta­bi­li­dad ins­ti­tu­cio­nal.

La uni­ver­si­dad, por defi­ni­ción, es un espa­cio de pen­sa­miento crí­tico, de debate y de cons­truc­ción colec­tiva. Pero tam­bién debe ser un espa­cio autó­nomo. Cuando inte­re­ses polí­ti­cos exter­nos se infil­tran en su diná­mica interna, el riesgo no sólo es la pro­lon­ga­ción del con­flicto, sino mani­pu­la­ción con fines aje­nos a la vida aca­dé­mica. Hoy, eso parece estar ocu­rriendo en la UAEM.

El rom­pi­miento de las nego­cia­cio­nes no puede enten­derse sin con­si­de­rar este fac­tor. Las mesas de diá­logo requie­ren con­fianza, y ésta se ero­siona cuando los inter­lo­cu­to­res dejan de ser úni­ca­mente estu­dian­tes y auto­ri­da­des uni­ver­si­ta­rias para dar paso a ope­ra­do­res polí­ti­cos, ase­so­res jurí­di­cos con agen­das pro­pias y figu­ras que, sin per­te­ne­cer a la comu­ni­dad, bus­can inci­dir en el rumbo del con­flicto. En este sen­tido, la par­ti­ci­pa­ción de Avi­lés y Soto no ha sido neu­tral ni cons­truc­tiva; por el con­tra­rio, ha sido per­ci­bida como un ele­mento de pre­sión y radi­ca­li­za­ción.

Más preo­cu­pante aún es la pre­sen­cia de acto­res polí­ti­cos que, bajo la ban­dera de Morena, han encon­trado en este con­flicto una opor­tu­ni­dad para posi­cio­narse, inter­ve­nir o incluso deses­ta­bi­li­zar. No se trata de des­ca­li­fi­car por filia­ción par­ti­dista, sino de cues­tio­nar la legi­ti­mi­dad de su par­ti­ci­pa­ción. ¿Qué papel tie­nen en un con­flicto uni­ver­si­ta­rio quie­nes no for­man parte de la ins­ti­tu­ción? ¿A quién repre­sen­tan? ¿Qué inte­re­ses defien­den real­mente?

La som­bra del pasado tam­bién se hace pre­sente. La men­ción de per­so­na­jes cer­ca­nos al ex gober­na­dor no es menor. Durante la admi­nis­tra­ción de éste, la rela­ción con la UAEM fue tensa, por decir lo menos. Hoy, la posi­bi­li­dad de que ope­ra­do­res liga­dos a ese grupo estén influ­yendo en el con­flicto actual abre la puerta a inter­pre­ta­cio­nes preo­cu­pan­tes, como que no se busca resol­ver, sino reac­ti­var vie­jas dis­pu­tas, debi­li­tar a la actual admi­nis­tra­ción uni­ver­si­ta­ria o gene­rar con­di­cio­nes de ines­ta­bi­li­dad polí­tica.

En medio de este esce­na­rio, la figura de la rec­tora se con­vierte en un punto clave. Los ata­ques diri­gi­dos hacia ella, más allá de la crí­tica legí­tima que cual­quier auto­ri­dad debe enfren­tar, pare­cen for­mar parte de una estra­te­gia más amplia para minar su capa­ci­dad de con­duc­ción. La des­le­gi­ti­ma­ción sis­te­má­tica de la rec­to­ría no ayuda a los estu­dian­tes ni for­ta­lece a la ins­ti­tu­ción; por el con­tra­rio, pro­fun­diza la cri­sis. Por ello, resulta no sólo con­ve­niente, sino nece­sa­rio, replan­tear quié­nes deben estar en la mesa y quié­nes no. La solu­ción del con­flicto pasa por devol­verle el pro­ta­go­nismo a la comu­ni­dad uni­ver­si­ta­ria: estu­dian­tes, pro­fe­so­res y auto­ri­da­des. Son ellos quie­nes viven la uni­ver­si­dad, quie­nes cono­cen sus pro­ble­má­ti­cas y quie­nes tie­nen la legi­ti­mi­dad para cons­truir acuer­dos.

Excluir a los acto­res exter­nos no sig­ni­fica cerrar el diá­logo, sino depu­rarlo. Sig­ni­fica reco­no­cer que la inter­ven­ción de ter­ce­ros, cuando res­ponde a inte­re­ses polí­ti­cos o per­so­na­les, con­ta­mina el pro­ceso y difi­culta cual­quier avance. La uni­ver­si­dad no puede ser rehén de agen­das aje­nas.

Ade­más, es fun­da­men­tal que los estu­dian­tes refle­xio­nen sobre el papel que están per­mi­tiendo a estos acto­res. La legí­tima lucha por mejo­res con­di­cio­nes, trans­pa­ren­cia o jus­ti­cia no debe ser uti­li­zada como pla­ta­forma por quie­nes bus­can capi­ta­li­zar el con­flicto. La auto­no­mía del movi­miento estu­dian­til es tan impor­tante como la auto­no­mía uni­ver­si­ta­ria.

El momento exige res­pon­sa­bi­li­dad de todas las par­tes. De la rec­to­ría, para man­te­ner la aper­tura al diá­logo como lo viene haciendo y evi­tar caer en pro­vo­ca­cio­nes. De los estu­dian­tes, para sos­te­ner sus deman­das con fir­meza, pero tam­bién con cla­ri­dad sobre quié­nes los repre­sen­tan. Y de los acto­res polí­ti­cos, para enten­der que no todo con­flicto social es terreno para la inter­ven­ción par­ti­dista.

La UAEM nece­sita solu­cio­nes, no más con­fron­ta­ción. Nece­sita acuer­dos, no más ruido. Y, sobre todo, nece­sita recu­pe­rar su esen­cia como espa­cio de for­ma­ción, pen­sa­miento y comu­ni­dad. Para lograrlo, es indis­pen­sa­ble sacar del con­flicto a quie­nes lo uti­li­zan como ins­tru­mento y devol­verle la voz a quie­nes ver­da­de­ra­mente per­te­ne­cen a él. Sólo así será posi­ble recons­truir el camino del diá­logo y evi­tar que una cri­sis legí­tima se con­vierta en un campo de bata­lla polí­tico que nada tiene que ver con el futuro de la uni­ver­si­dad. ¿No cree usted?

Hoy, el ani­ver­sa­rio del ase­si­nato del Gral. Emi­liano Zapata Sala­zar, para los more­len­ses es un dia de luto y no de fiesta, como algu­nos lo quie­ren cele­brar.

Next Post

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Estoy de acuerdo con la Política de Privacidad.

Welcome Back!

Login to your account below

Retrieve your password

Please enter your username or email address to reset your password.