En Morelos hay demasiados problemas que ocupan, con razón, la atención de los ciudadanos. La explosión de una pipa, la permanente problemática del campo, la inseguridad y todos los asuntos que diariamente se acumulan en el estado han hecho que la agenda pública se concentre en las emergencias y deje en segundo plano otros temas que, aunque no siempre aparecen en las primeras planas, pueden tener consecuencias profundas para miles de familias.
A ello se suma el aniversario de nuestro héroe epónimo, Emiliano Zapata, una fecha que obliga a recordar la lucha por la tierra y por los derechos de quienes menos tienen. Pero precisamente en medio de esta serie de acontecimientos no debemos perder de vista lo que está ocurriendo en el Congreso del Estado: la posibilidad de convocar a un periodo extraordinario para abordar el fideicomiso relacionado con las pensiones. Y aquí vale la pena hacer una advertencia.
Los diputados tienen frente a ellos una enorme responsabilidad. No se trata solamente de aprobar un instrumento financiero o modificar determinadas disposiciones administrativas. Detrás del régimen de pensiones hay personas de carne y hueso que trabajaron durante décadas para tener derecho a recibir una prestación al final de su vida laboral.
Hay trabajadores que entregaron 30, 35 o incluso más años de su vida al servicio público. Personas que cumplieron con sus obligaciones, que hicieron sus aportaciones y que, después de tantos años de trabajo, hoy reciben una pensión que representa su principal sustento. Algunos llevan 20 o 30 años viviendo bajo un determinado régimen. Por eso, cualquier modificación que pueda afectar sus derechos debe analizarse con enorme cuidado.
No se puede legislar pensando únicamente en las necesidades financieras del gobierno o en resolver un problema administrativo. Tampoco se puede pretender que quienes ya cumplieron con los requisitos para jubilarse carguen con las consecuencias de decisiones que no tomaron.
El Congreso debe ser particularmente cuidadoso con la posibilidad de modificar el régimen de pensiones para quienes ya tienen derechos reconocidos. Una cosa es discutir hacia adelante cómo debe funcionar el sistema para las nuevas generaciones de trabajadores y otra muy distinta es cambiar las reglas del juego para quienes ya trabajaron durante décadas y construyeron su derecho bajo determinadas condiciones.
Y aquí es donde los ciudadanos tenemos que estar pendientes. No sería extraño que, aprovechando que la atención pública está concentrada en otros asuntos, un tema de enorme importancia pudiera avanzar rápidamente en el Congreso. No afirmo que eso necesariamente vaya a ocurrir, pero sería irresponsable no mantener los ojos abiertos.
Porque en política, como en el fútbol, a veces los goles entran cuando la defensa está distraída. Y los diputados deben saber que la ciudadanía está observando.
El asunto de las pensiones no puede resolverse en lo oscurito, ni mediante prisas legislativas, ni con decisiones que después sean presentadas como hechos consumados. Se requiere información clara, debate público y, sobre todo, escuchar a los trabajadores y jubilados que podrían resultar afectados.
Los legisladores fueron electos para representar a los ciudadanos, no para sorprenderlos. Y hay algo más que deberían tener presente quienes integran el Congreso: estamos caminando hacia el proceso electoral de 2027. Cada decisión que se tome ahora tendrá una lectura política posteriormente.
Los jubilados y pensionados también votan. Sus familias votan igualmente. Los trabajadores en activo también votan. Y detrás de cada pensionado existe una historia laboral, una familia y una comunidad que conoce perfectamente lo que significa haber trabajado durante décadas para obtener una seguridad económica al final de la vida. Por eso, si alguien pretende modificar las condiciones bajo las cuales miles de morelenses reciben sus pensiones, tendrá que explicar con absoluta claridad qué se pretende cambiar, a quién beneficia, a quién perjudica y por qué.
No basta decir que se trata de salvar las finanzas públicas. Si existe un problema financiero, hay que explicarlo y buscar soluciones. Pero una solución no puede consistir simplemente en trasladar el costo a quienes ya cumplieron con su parte.
Emiliano Zapata nos dejó una frase que sigue teniendo vigencia: “La tierra es de quien la trabaja”. Hoy podríamos decir que los derechos laborales también son de quien los ha construido con su trabajo. Por eso, mientras Morelos enfrenta sus problemas y la atención pública se dispersa entre una emergencia y otra, no debemos olvidar lo que está en el camino.
Hay que estar atentos al Congreso.
Hay que revisar qué se pretende aprobar.
Hay que exigir transparencia.
Y, sobre todo, hay que impedir que un asunto tan delicado como las pensiones se convierta en un madruguete legislativo, porque si los diputados creen que pueden “meter gol” aprovechando que todos están mirando hacia otro lado, deben recordar que los ciudadanos también saben jugar este partido.
Y en 2027, seguramente, habrá quienes recuerden perfectamente quién defendió sus derechos y quién decidió modificarlos. ¿ No cree usted?

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