VIVENCIAS CIUDADANAS – QUE NO NOS METAN GOL CON LAS PENSIONES

Por Teodoro Lavín León

En More­los hay dema­sia­dos pro­ble­mas que ocu­pan, con razón, la aten­ción de los ciu­da­da­nos. La explo­sión de una pipa, la per­ma­nente pro­ble­má­tica del campo, la inse­gu­ri­dad y todos los asun­tos que dia­ria­mente se acu­mu­lan en el estado han hecho que la agenda pública se con­cen­tre en las emer­gen­cias y deje en segundo plano otros temas que, aun­que no siem­pre apa­re­cen en las pri­me­ras pla­nas, pue­den tener con­se­cuen­cias pro­fun­das para miles de fami­lias.

A ello se suma el ani­ver­sa­rio de nues­tro héroe epó­nimo, Emi­liano Zapata, una fecha que obliga a recor­dar la lucha por la tie­rra y por los dere­chos de quie­nes menos tie­nen. Pero pre­ci­sa­mente en medio de esta serie de acon­te­ci­mien­tos no debe­mos per­der de vista lo que está ocu­rriendo en el Con­greso del Estado: la posi­bi­li­dad de con­vo­car a un periodo extraor­di­na­rio para abor­dar el fidei­co­miso rela­cio­nado con las pen­sio­nes. Y aquí vale la pena hacer una adver­ten­cia.

Los dipu­ta­dos tie­nen frente a ellos una enorme res­pon­sa­bi­li­dad. No se trata sola­mente de apro­bar un ins­tru­mento finan­ciero o modi­fi­car deter­mi­na­das dis­po­si­cio­nes admi­nis­tra­ti­vas. Detrás del régi­men de pen­sio­nes hay per­so­nas de carne y hueso que tra­ba­ja­ron durante déca­das para tener dere­cho a reci­bir una pres­ta­ción al final de su vida labo­ral.

Hay tra­ba­ja­do­res que entre­ga­ron 30, 35 o incluso más años de su vida al ser­vi­cio público. Per­so­nas que cum­plie­ron con sus obli­ga­cio­nes, que hicie­ron sus apor­ta­cio­nes y que, des­pués de tan­tos años de tra­bajo, hoy reci­ben una pen­sión que repre­senta su prin­ci­pal sus­tento. Algu­nos lle­van 20 o 30 años viviendo bajo un deter­mi­nado régi­men. Por eso, cual­quier modi­fi­ca­ción que pueda afec­tar sus dere­chos debe ana­li­zarse con enorme cui­dado.

No se puede legis­lar pen­sando úni­ca­mente en las nece­si­da­des finan­cie­ras del gobierno o en resol­ver un pro­blema admi­nis­tra­tivo. Tam­poco se puede pre­ten­der que quie­nes ya cum­plie­ron con los requi­si­tos para jubi­larse car­guen con las con­se­cuen­cias de deci­sio­nes que no toma­ron.

El Con­greso debe ser par­ti­cu­lar­mente cui­da­doso con la posi­bi­li­dad de modi­fi­car el régi­men de pen­sio­nes para quie­nes ya tie­nen dere­chos reco­no­ci­dos. Una cosa es dis­cu­tir hacia ade­lante cómo debe fun­cio­nar el sis­tema para las nue­vas gene­ra­cio­nes de tra­ba­ja­do­res y otra muy dis­tinta es cam­biar las reglas del juego para quie­nes ya tra­ba­ja­ron durante déca­das y cons­tru­ye­ron su dere­cho bajo deter­mi­na­das con­di­cio­nes.

Y aquí es donde los ciu­da­da­nos tene­mos que estar pen­dien­tes. No sería extraño que, apro­ve­chando que la aten­ción pública está con­cen­trada en otros asun­tos, un tema de enorme impor­tan­cia pudiera avan­zar rápi­da­mente en el Con­greso. No afirmo que eso nece­sa­ria­mente vaya a ocu­rrir, pero sería irres­pon­sa­ble no man­te­ner los ojos abier­tos.

Por­que en polí­tica, como en el fút­bol, a veces los goles entran cuando la defensa está dis­traída. Y los dipu­ta­dos deben saber que la ciu­da­da­nía está obser­vando.

El asunto de las pen­sio­nes no puede resol­verse en lo oscu­rito, ni mediante pri­sas legis­la­ti­vas, ni con deci­sio­nes que des­pués sean pre­sen­ta­das como hechos con­su­ma­dos. Se requiere infor­ma­ción clara, debate público y, sobre todo, escu­char a los tra­ba­ja­do­res y jubi­la­dos que podrían resul­tar afec­ta­dos.

Los legis­la­do­res fue­ron elec­tos para repre­sen­tar a los ciu­da­da­nos, no para sor­pren­der­los. Y hay algo más que debe­rían tener pre­sente quie­nes inte­gran el Con­greso: esta­mos cami­nando hacia el pro­ceso elec­to­ral de 2027. Cada deci­sión que se tome ahora ten­drá una lec­tura polí­tica pos­te­rior­mente.

Los jubi­la­dos y pen­sio­na­dos tam­bién votan. Sus fami­lias votan igual­mente. Los tra­ba­ja­do­res en activo tam­bién votan. Y detrás de cada pen­sio­nado existe una his­to­ria labo­ral, una fami­lia y una comu­ni­dad que conoce per­fec­ta­mente lo que sig­ni­fica haber tra­ba­jado durante déca­das para obte­ner una segu­ri­dad eco­nó­mica al final de la vida. Por eso, si alguien pre­tende modi­fi­car las con­di­cio­nes bajo las cua­les miles de more­len­ses reci­ben sus pen­sio­nes, ten­drá que expli­car con abso­luta cla­ri­dad qué se pre­tende cam­biar, a quién bene­fi­cia, a quién per­ju­dica y por qué.

No basta decir que se trata de sal­var las finan­zas públi­cas. Si existe un pro­blema finan­ciero, hay que expli­carlo y bus­car solu­cio­nes. Pero una solu­ción no puede con­sis­tir sim­ple­mente en tras­la­dar el costo a quie­nes ya cum­plie­ron con su parte.

Emi­liano Zapata nos dejó una frase que sigue teniendo vigen­cia: “La tie­rra es de quien la tra­baja”. Hoy podría­mos decir que los dere­chos labo­ra­les tam­bién son de quien los ha cons­truido con su tra­bajo. Por eso, mien­tras More­los enfrenta sus pro­ble­mas y la aten­ción pública se dis­persa entre una emer­gen­cia y otra, no debe­mos olvi­dar lo que está en el camino.

Hay que estar aten­tos al Con­greso.

Hay que revi­sar qué se pre­tende apro­bar.

Hay que exi­gir trans­pa­ren­cia.

Y, sobre todo, hay que impe­dir que un asunto tan deli­cado como las pen­sio­nes se con­vierta en un madru­guete legis­la­tivo, por­que si los dipu­ta­dos creen que pue­den “meter gol” apro­ve­chando que todos están mirando hacia otro lado, deben recor­dar que los ciu­da­da­nos tam­bién saben jugar este par­tido.

Y en 2027, segu­ra­mente, habrá quie­nes recuer­den per­fec­ta­mente quién defen­dió sus dere­chos y quién deci­dió modi­fi­car­los. ¿ No cree usted?

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