VIVENCIAS CIUDADANAS – YAUTEPEC: UNA CLOACA QUE APENAS COMIENZA A DESTAPARSE

Por Teodoro Lavín León

La deten­ción de la sín­dica muni­ci­pal de Yau­te­pec no puede con­si­de­rarse un acon­te­ci­miento ais­lado ni un asunto que corres­ponda exclu­si­va­mente a ese muni­ci­pio. Por la gra­ve­dad de las acu­sa­cio­nes y por el carác­ter de la per­sona invo­lu­crada, esta­mos frente a un caso que obliga a revi­sar hasta dónde han podido pene­trar los gru­pos cri­mi­na­les en las estruc­tu­ras polí­ti­cas y admi­nis­tra­ti­vas de More­los.

La Fis­ca­lía esta­tal atri­buye a la fun­cio­na­ria una pro­ba­ble res­pon­sa­bi­li­dad en la auto­ría inte­lec­tual del ata­que armado ocu­rrido en una can­cha de Ran­cho Nuevo, donde tres per­so­nas per­die­ron la vida y nueve más resul­ta­ron lesio­na­das. Será un juez quien deter­mine si exis­ten ele­men­tos sufi­cien­tes para vin­cu­larla a pro­ceso y, pos­te­rior­mente, si es cul­pa­ble o ino­cente. La pre­sun­ción de ino­cen­cia debe res­pe­tarse, pero eso no impide reco­no­cer la enorme tras­cen­den­cia polí­tica e ins­ti­tu­cio­nal de la inves­ti­ga­ción.

La deten­ción parece des­ta­par una cloaca cuyas rami­fi­ca­cio­nes podrían exten­derse más allá de Yau­te­pec. No se trata sola­mente de cono­cer quién ordenó un ata­que, sino de inves­ti­gar las posi­bles redes de pro­tec­ción, com­pli­ci­dad, finan­cia­miento y rela­cio­nes polí­ti­cas que pudie­ron hacerlo posi­ble. Si exis­ten ser­vi­do­res públi­cos rela­cio­na­dos con orga­ni­za­cio­nes cri­mi­na­les, la inves­ti­ga­ción debe lle­gar hasta sus últi­mas con­se­cuen­cias, sin impor­tar car­gos, amis­ta­des, par­ti­dos o cer­ca­nías con el poder.

El Ayun­ta­miento de

Yau­te­pec es gober­nado por Morena. Este hecho obliga a ese par­tido y al gobierno esta­tal a actuar con espe­cial cui­dado, res­pon­sa­bi­li­dad y trans­pa­ren­cia. No se les puede decla­rar cul­pa­bles por las con­duc­tas atri­bui­das a una fun­cio­na­ria, pero tam­poco sería acep­ta­ble inten­tar mini­mi­zar el caso, des­ca­li­fi­car las inves­ti­ga­cio­nes o cons­truir una defensa par­ti­dista antes de cono­cer las prue­bas.

Morena ha sos­te­nido que no debe exis­tir impu­ni­dad y que nadie puede estar por encima de la ley. Ahora tiene frente a sí una opor­tu­ni­dad para demos­trar que ese prin­ci­pio se aplica tam­bién cuando las inves­ti­ga­cio­nes alcan­zan a inte­gran­tes de sus pro­pios gobier­nos.

El pro­blema es que la deten­ción se pro­duce en medio de una situa­ción de segu­ri­dad que con­ti­núa siendo angus­tiante para los more­len­ses. Las auto­ri­da­des pre­sen­tan esta­dís­ti­cas que mues­tran reduc­cio­nes en los homi­ci­dios, pero la per­cep­ción ciu­da­dana se cons­truye con lo que sucede dia­ria­mente en las calles. Hay jor­na­das en las que cua­tro, cinco o más per­so­nas son ase­si­na­das en dis­tin­tos pun­tos del estado.

Cuautla es uno de los ejem­plos más preo­cu­pan­tes. Los ata­ques arma­dos, las extor­sio­nes, los ase­si­na­tos y el miedo de comer­cian­tes y habi­tan­tes han con­ver­tido a esa ciu­dad en una región donde la vio­len­cia parece haberse nor­ma­li­zado. No basta con refor­zar durante algu­nos días la pre­sen­cia poli­ciaca des­pués de un hecho escan­da­loso. Se nece­sita recu­pe­rar per­ma­nen­te­mente el terri­to­rio, inves­ti­gar las redes eco­nó­mi­cas de la delin­cuen­cia y ter­mi­nar con cual­quier pro­tec­ción ins­ti­tu­cio­nal.

Según cifras ofi­cia­les, More­los acu­muló 512 homi­ci­dios dolo­sos entre enero y julio de este año. Puede afir­marse que existe una reduc­ción res­pecto del mismo periodo ante­rior, pero 512 per­so­nas ase­si­na­das no repre­sen­tan una rea­li­dad satis­fac­to­ria. Para las fami­lias de las víc­ti­mas, los por­cen­ta­jes no sig­ni­fi­can con­suelo ni jus­ti­cia.

El caso de Yau­te­pec debe mar­car un punto de infle­xión. La Fis­ca­lía tiene la res­pon­sa­bi­li­dad de pre­sen­tar prue­bas sóli­das y no con­ver­tir la deten­ción en un espec­tá­culo mediá­tico. El gobierno esta­tal debe garan­ti­zar que las inves­ti­ga­cio­nes avan­cen sin pre­sio­nes polí­ti­cas. Morena debe des­lin­darse con hechos de cual­quier con­ducta ilí­cita, y los ayun­ta­mien­tos deben ser some­ti­dos a una revi­sión pro­funda.

La pre­gunta no es sola­mente qué ocu­rrió en Yau­te­pec. La pre­gunta ver­da­de­ra­mente inquie­tante es cuán­tas redes seme­jan­tes podrían estar ope­rando en otros muni­ci­pios de More­los. La cloaca parece comen­zar a des­ta­parse. Lo peor que podría suce­der es que, por cál­cu­los par­ti­dis­tas o elec­to­ra­les, alguien intente vol­ver a cubrirla. ¿No cree usted?

 

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