En el contexto del conflicto en Ucrania, unas valientes voluntarias han encontrado una manera de ayudar a sus compatriotas en el frente. A través de la producción de capas antidrones, estas mujeres están contribuyendo significativamente a la protección de los soldados, convirtiéndolos en invisibles ante la amenaza de los drones rusos, que patrullan la “zona de la muerte” con cámaras térmicas.
Natalia Tjorzevska, una profesora de lengua y literatura de 54 años, lidera el grupo de voluntarios Diyemo Vze (Actuamos ahora). Según Tjorzevska, inicialmente fabricaban diversos objetos necesarios para el ejército, pero ahora se han centrado en estas capas, un desarrollo crucial en la actual “guerra de drones”. La demanda de estos ponchos ha crecido rápidamente, y el equipo, formado principalmente por mujeres, produce alrededor de cien unidades a la semana, habiendo conseguido ya más de 2,000.
Las capas, hechas de material sintético de camuflaje y aislamiento térmico, están diseñadas para retener el calor corporal, dificultando la detección por parte de drones que operan a alturas de 50 a 100 metros. Estos dispositivos pueden identificar a los soldados, que a menudo se ven obligados a recorrer largas distancias a pie, exponiéndose a un riesgo aún mayor bajo la vigilancia aérea.
Una de las voluntarias, Olena Rizko, de 53 años, explica cómo el uso de estas capas transforma la percepción de los soldados, haciendo que sean vistos como simples arbustos o árboles. Con un peso inferior a un kilo, el diseño permite que los soldados se equipen rápidamente y se agachenn para minimizar aún más su visibilidad.
Durante el día, estos ponchos también ayudan a camuflar a los soldados ante cámaras tradicionales, con estampados adaptados al entorno y a la estación. Este enfoque integral ha sido fundamental, ya que el peligro se intensifica especialmente por la noche, cuando las variaciones de temperatura son más marcadas.
No obstante, la producción de estas capas requiere financiación constante, ya que dependen de campañas de micromecenazgo, debido a que las empresas privadas no logran satisfacer la creciente demanda con diseños adecuados. Sin embargo, la comunidad de voluntarias sigue comprometida, movida por historias de éxito; por ejemplo, una reciente misión reportó que 30 soldados lograron sobrevivir y evacuar a compañeros heridos gracias a las capas.
Oleksandra Samoja, contable de 40 años, ha encontrado en esta labor un sentido de deber hacia su familia y su país. Con su esposo combatiendo desde hace cuatro años, ella siente la urgencia de proporcionar cualquier tipo de apoyo que pueda. “Es nuestro deber hacer todo lo que podamos para ayudarles”, dice con convicción.
Este esfuerzo humanitario refleja no solo el ingenio y la determinación de un grupo de mujeres, sino también el impacto tangible que pueden tener en la vida de los soldados ucranianos, quienes a menudo enfrentan situaciones extremas para preservar la seguridad de su nación. Al final, estas capas no solo son fabricadas con tela; están tejidas con amor y esperanza en medio de la adversidad.
(Actualización de datos: 2026-08-03 18:17:00)
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