Los índices de Wall Street comenzaban la semana con un tono positivo, cerrando la jornada con ganancias en medio de un ambiente de volatilidad. El Promedio Industrial Dow Jones, que sigue el desempeño de 30 grandes empresas, avanzó un 0.50% hasta alcanzar los 47,740.80 puntos. El S&P 500, reconocido por incluir las compañías más valiosas, reportó una subida del 0.83%, cerrando en 6,795.99 unidades, mientras que el Nasdaq Composite, índice que refleja el comportamiento del sector tecnológico, subió un notable 1.38%, cerrando en 22,695.95 puntos.
El optimismo en el mercado fue impulsado por declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien abordó la situación en Medio Oriente y la guerra contra Irán. Su comentario de que el conflicto podría estar avanzando más rápido de lo esperado calmó las inquietudes de los inversionistas, sugiriendo que las proyecciones de seis semanas de duración del conflicto podrían haber sido exageradas.
En el ámbito energético, el precio del petróleo de referencia WTI, que previamente había alcanzado casi los 120 dólares por barril, experimentó una caída significativa, cerrando cerca de 85 dólares. Esta fluctuación estuvo acompañada por noticias sobre posibles acciones del G7 destinadas a controlar el aumento en los precios del crudo, contribuyendo al giro positivo en los índices neoyorquinos.
La jornada también estuvo marcada por noticias de Irán, donde se anunció a Mojtaba Jamenei, hijo del fallecido líder supremo Alí Jamenei, como su nuevo líder. Este desarrollo había generado nerviosismo en el mercado al evidenciar que la influencia islámica aún prevalece en el país a pesar de los conflictos actuales.
Casi todos los sectores del S&P 500 cerraron con ganancias notables, destacándose el sector de tecnologías de la información, que aumentó un 1.80%, y el de servicios de comunicación, que creció un 1.14%. En el índice Dow Jones, las acciones de Caterpillar y Nvidia marcaron el ritmo al registrar incrementos del 3.51% y 2.71%, respectivamente.
Esta jornada del 9 de marzo de 2026 demuestra cómo la política y la economía global siguen intrínsecamente conectadas, afectando el ánimo de los mercados de maneras más amplias y complejas.
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