Nuestra orquesta ha alcanzado niveles de excelencia en los últimos años, y esto responde a varios factores, el primero de ellos, la conducción de Juan Carlos Lomónaco y desde luego, la columna vertebral del grupo, la cual está constituida por los atriles principales de cada instrumento, que, cada uno, es un verdadero maestro en su especialidad. En las diferentes obras que se van interpretando en cada temporada, hemos visto destacar la actuación como solistas de estos destacados músicos, y esos detalles en cada actuación, son la trayectoria que va haciendo más sólida la estructura del grupo y le va dando un perfil de calidad superior. Es por esto que, nos es de extrañar que, el último concierto de esta XXXVI temporada, haya sido un digno broche de oro a esta temporada que, haciendo un balance de toda ella, nos merece el calificativo de, una temporada extraordinaria de calidad superior. Este programa final, tuvo tres interpretaciones de excelente calidad, cada una por separado brillo en la sala y levanto el entusiasmo del respetable, pero lo levantó con justificada razón.
No fue un programa largo, y mucho menos recargado, aunque en lo emotivo si lo estuvo. Las obras seleccionadas lo fueron con mucho acierto, dos de ellas de un titán insustituible como lo es Ludwig van Beethoven, y la otra, de una amenidad deliciosa, además de ser una obra favorita de todos los públicos del orbe. De Beethoven, la orquesta nos regaló con un par de certeras interpretaciones de, la obertura “Fidelio”, de la ópera del mismo nombre; y la Sinfonía No. 3, que es la primera de las sinfonías del gran compositor en la que se vuelca ya con todo el espíritu que va a caracterizar a partir de ahí, toda su obra. Por su parte, la Suite No. 1 de Carmen, de Georges Bizet, es una síntesis de las partes más gustadas de la más popular de todas las óperas del mundo, sus temas, ampliamente conocidos y gustados, son de esas composiciones que levantan la alegría del alma, desbordan el entusiasmo y hasta ponen a bailar al multicéfalo. Así que, la afortunada combinación en un solo programa de estas tres obras, fue certera y afectiva, pues la respuesta del público que llenó todos los niveles del teatro, fue de gran entusiasmo, y ovacionó de pie cada obra, al final de su interpretación. ¡Qué agradables resuenan los gritos de BRAVO, para premiar a la orquesta en cada número!
Apertura de programa
Abre programa la Obertura Fidelio, de Ludwig van Beethoven. El gran Sordo de Bonn compuso una sola ópera, Fidelio, y para esta obra escribe una obertura con el nombre de la heroína de la historia, Leonora; pero Beethoven era un perfeccionista y no queda conforme con ella, así que compone otra, otra y otra más, así pues, hay cuatro oberturas para esta única ópera, Leonora No. 1, Leonora No. 2, Leonora No. 3 y finalmente Fidelio. A gusto de este cronista, la más emotiva de las cuatro es la Leonora No. 3, pero ninguna desmerece en mérito musical. La orquesta la abordó con gran emotividad de principio a fin. Se inicia con suave nota de los cornos y de inmediato se une el clarinete, un fuerte redoble de timbales y la música transita por un dulce pasaje y de pronto sube con gran fuerza y de inmediato vuelve a bajar a un plácido pasaje, canta el corno y responde el clarinete y entran las cuerdas con energía para desarrollar alegre tema, dialogan oboe y flauta y se repite el tema que corre con alegría y fuerza, de nuevo cornos y oboe y la trompeta acentúa y luego canta brillante, y la fuerza de la música sube para volver al canto del corno con la flauta los chelos abordan breve pasaje grave y entra el tutti con gran energía que va subiendo y nos lleva a brillante final. Tremenda ovación corona la actuación de la orquesta que se prolonga largo.
Intermedio
Inmediatamente se interpreta la Suite No. 1 de Carmen, que es una selección de los temas más gustados de la ópera del mismo nombre. La suite está compuesta por seis partes que son: Preludio, Aragonesa, Intermezzo, Seguidillas, Los Dragones de Alcalá y la Marcha de los Toreadores. El preludio arranca con gran alegría con el conocido y gustado tema con fuerte acento de timbales y los cornos cantan dramáticos y se desarrolla el tema, la trompeta alza la voz para dar paso a la aragonesa, el oboe canta y el pícolo responde y de nuevo oboe y pícolo, entra el tutti con alegría y marcando el ritmo, cantan los violines y responden flauta, clarinete y entra el tutti con fuerza, de nuevo cantan oboe y pícolo y dan paso al intermezzo que arranca suavemente, entra la flauta con gran dulzura con el conocido tema de la rosa, entra el clarinete replicando el miso gustado tema con profunda delicadeza, el corno inglés entra cálido y suave y las cuerdas abordan el sentido tema y el canto de la flauta nos lleva al fin. La flauta canta suavemente y entra el oboe, marcando el inicio de las seguidillas con el tema “Junto a los muros de Sevilla”, la trompeta replica el tema y dialogan las maderas y las cuerdas abordan un pizzicato, se desarrolla el tema con un aire moruno y nos lleva al fin. Arrancan los Dragones de Alcalá con la dulce y cálida voz del fagot y responde el tutti suavemente, cantan clarinete y fagot y el tema se desarrolla con un aire íntimo, oboe y flautas nos llevan al fin. Arranca con fuerza y alegría la Marcha de los Toreadores con el conocido y gustado tema por el tutti, las cuerdas dan paso a la canción del toreador, el tutti entra y la desarrolla con fuerza y alegría en forma brillante para volver al tema inicial que con gran alegría nos lleva al final de la obra. Tremenda ovación con gritos de ¡Bravo! premia justamente al director, a la orquesta y a los solistas.
Cierre de programa
Cierra programa la Sinfonía No. 3 “Eroica”, de Ludwig van Beethoven. Las sinfonías No. 1 y No. 2, reciben los sobrenombres de, La Haydiana, la No. 1; y La Mozartiana, la No. 2, pues respectivamente recuerdan las obras de estos compositores que son el antecedente directo de Beethoven; es en esta tercera, en la que Beethoven se muestra plenamente ya como es, cómo va a ser de aquí en adelante, con un estilo y camino propios, y eso le da un valor extra en la obra del compositor; además es un gran monumento sonoro y emotivo. Está compuesta por cuatro movimientos: Allegro con brío, Marcha fúnebre: Adagio assai, Scherzo: Allegro vivace y Finale: Allegro molto. Ye, en esta estructura, Beethoven nos introduce su estilo propio, pues sustituye el tradicional tercer movimiento, que es hasta ese momento un Menuetto, por un enérgico Scherzo; la suave y plácida danza cortesana es desplazada por un movimiento fuerte y enérgico. Tan sólo, el segundo movimiento transcurre en paz y sosiego, en la danza, que es fúnebre, pues la obra estaba dedicada a Napoleón Bonaparte, a quien Beethoven admiraba por ser un revolucionario, pero al auto coronarse Emperador, Beethoven se decepciona, rompe la dedicatoria y sustituye el segundo movimiento, que era una marcha triunfal, por una fúnebre en señal de duelo. Los otros tres movimientos, son enérgicos, en ellos la pasión se desborda con gran fuerza, y nuestra orquesta los remontó con gran éxito e hizo llegar a la sala todo el sentimiento beethoveniano en pleno. Al terminar la obra, la sala en pleno estalla en una sonora y larguísima ovación acompañada por sonoros gritos de ¡BRAVO! El respetable de pie, hace salir al director varias veces, y éste va poniendo de pie a los solistas; una digna apoteosis para la emotiva interpretación.
Con este espléndido concierto, se pone un brillante broche de oro a la excelente XXXVI temporada, que quedará registrada en la historia del movimiento sinfónico, que en Yucatán es un proceso ubicado en tres siglos consecutivos.
Salimos del Peón Contreras con la ilusión puesta en la XXXVII temporada, la cual esperamos con gran ansiedad. ¡Nos veremos en enero!

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