Gobernar implica más que simplemente ganar elecciones; involucra la capacidad de resolver problemas públicos y tomar decisiones que afecten a segmentos de la sociedad. A medida que nos aproximamos a un evento trascendental como la competencia mundial de futbol, es evidente que el país necesita un impulso económico, especialmente en medio de un estancamiento que ya se siente en diversas regiones.
Sin embargo, la situación se complica ante actos de protesta y manifestaciones que, en lugar de ser atendidas, amenazan los negocios locales. Mientras las autoridades optan por el diálogo, es crucial preguntarnos: ¿con quién dialogan los empresarios, restauranteros y hoteleros cuyas operaciones se ven interrumpidas? La inversión privada requiere garantías de seguridad; cada empresario, al abrir un negocio, lo hace con la esperanza de generar ingresos para sostener a su familia.
Las pequeñas y medianas empresas, fundamentales en la creación de empleo, son las más vulnerables a cambios bruscos en el mercado, así como a la violencia y la falta de seguridad. La reciente protesta en torno al aumento de rentas y el encarecimiento de la propiedad inmobiliaria es un reflejo de un fenómeno global: el desplazamiento económico que no se detiene.
Históricamente, el libre mercado no ha sido la solución total a todos los problemas, y su costo social puede ser tan elevado que comprometa su propia esencia. La crisis del liberalismo económico ha llevado a la adopción de políticas sociales que buscan equilibrar lo que el modelo económico tradicional no puede atender. Es esencial que, aunque se fomente la inversión privada, también se establezcan compromisos y condiciones que beneficien a sectores vulnerables, sin sacrificar los derechos de quienes han trabajado duro por su patrimonio.
El fracaso de modelos autoritarios, que han intentado beneficiar al pueblo a expensas de la propiedad privada, también nos enseña una lección amarga. Las recientes protestas sobre el encarecimiento de la vivienda son solo una muestra de la acumulación de problemas que se ignoran por parte del gobierno.
La inseguridad pública, la deficiencia en servicios de salud, la crisis de la educación, y el golpe continuo al sector empresarial son síntomas de una urgente necesidad de acción. Es un momento crítico en el que los gobiernos estatales y federal deben dejar de culpar del presente a los gobiernos del pasado, y enfrentar con determinación los retos que afectan a la comunidad. La población espera soluciones efectivas y un cambio en la forma en que se gestiona la seguridad, la salud y la educación, pilares fundamentales para el bienestar colectivo.
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