Harry Styles estrena su tercer álbum, uno mas personal, Harry’s House, cuyo nombre muestra un homenaje a Joni Mitchell.
Con influencias ochenteras, son 13 nuevas canciones, con un tono totalmente diferente al de Fine Line. Se muestra un Harry más reflexivo, nostálgico pero energético, tal como podemos escuchar en ‘Love of my life’, ‘As it was’, ‘Matilda’, ‘Little Freak’
Sobre las canciones:
Dos años después del lanzamiento de su último disco, con una pandemia de por medio y una gran gira mundial en camino, Harry Styles estrena este 20 de mayo Harry’s House, su tercer disco. El nombre, que hace referencia a la canción Harry’s House/ Centerpiece de Joni Mitchell, deja claro el eje temático del proyecto: el hogar.
Las canciones están divididas en dos bloques, a través de las cuales el artista explora todas las dimensiones del concepto “casa”. El significado físico y tangible de la palabra está presente de forma explícita en las letras y sirve para situar las canciones en distintos escenarios tanto hogareños (la cocina, el suelo del salón, el jardín) como geográficos (Hollywood, Bishopsgate, Nueva York…)… El otro, el simbólico, figurativo y emocional, subyace en la parte argumental. Harry’s House es, en esencia, una reflexión sobre cómo el amor, la familia, el paso del tiempo y la relación con uno o una misma cumplen un papel tan importante en la construcción de un hogar como los cimientos en la de una casa.
La primera parte del tracklist abre con Music for a Sushi Restaurant, Late Night Talking y Grapejuice (sí, la canción con nombre de fruta que nunca falta en los discos de Styles), tres temas que ya dejan claro algunos de los rasgos más característicos del disco: el tono liviano y positivo de la gran parte de las melodías, las relaciones amorosas (con referencia a Olivia Wilde incluída en As It Was) como mayor constante narrativa y la triunfal combinación entre una composición sonora clásica y una producción y mezcla contemporáneas.
As It Was y Daylight son un puente necesario para pasar a otro tipo de mood, que aunque en apariencia sigue siendo dulce, tienen un trago más amargo. Y es que otro factor a destacar en Harry’s House es que el autor sigue haciendo evolucionar sus baladas, sustituyendo casi por completo el tono épico y grávido de Sign of the times por uno más austero que, aunque no hace que rompamos a llorar, nos pellizca el corazón. Prueba de ellos son Little Freak o Matilda.
En Daydreaming, Styles se apropia del tema Ain’t We Fukin’ Now de The Brothers Johnson para dar forma a una oda al sexo donde se evidencian dos recursos constantes más en Harry’s House: las letras evocadoras, entre sugerentes y sinuosas, despreocupadas y sexys en su pasotismo que tan claramente se reflejan en la propia personalidad del artista; y el culto constante a los ídolos de Harry, que van desde clásicos como The Beatles o Van Morrison a referencias más modernas como Yo La Tengo, Wilco o John Mayer (quien de hecho firma parte de las guitarras de Daydreaming).
El nuevo disco de Harry Styles es más estable, coqueto, homogéneo y sutil que el anterior. Y triunfa por ello. Además, su frescura y jovialidad esencial hacen que su escucha es al oído lo que un granizado de limón en una tarde de verano al gusto. El cuarteto indisoluble que forma con Kid Harpoonm, Mitch Rowland y Tyler Johnson hace que el sonido sea compacto, reconocible, carismático. Las melodías se llenan de matices sutiles y bien difuminados a través de colaboradores como Mitch Rowland, Devonté Hynes o Pino Palladino.
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