El Gobierno de Yemen, reconocido internacionalmente, ha hecho un urgente llamado ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, solicitando apoyo para enfrentar la creciente amenaza que representan los rebeldes hutíes. Este conflicto, extendido a lo largo de más de una década, ha arraigado profundos problemas en la región, ahora intensificados por la reciente captura de la ciudad portuaria de Mokha y varias islas estratégicas en el mar Rojo por parte de los insurgentes, respaldados por Irán.
Los hutíes, que controlan Saná y gran parte del norte del país, han tomado posiciones que les permiten ejercer vigilancia sobre los buques que transitan por el estrecho de Bab el-Mandeb, un corredor marítimo crucial donde aproximadamente el 12% del comercio mundial circula. Este movimiento estratégico les ha permitido plantear un bloqueo a la navegación de Arabia Saudita, poniendo en jaque la seguridad del transporte comercial en la región.
El vicepresidente del consejo gubernamental yemení, Abdullah Abdulkader al Alimi-Bawzer, ha instado a los líderes mundiales a no aceptar las garantías de seguridad ofrecidas por los hutíes. En sus declaraciones, enfatizó que “el uso que hacen las milicias hutíes de la seguridad de la navegación como herramienta de chantaje no solo amenaza a Yemen, sino que está tomando como rehén a toda la economía mundial”.
A medida que la comunidad internacional se enfrenta a este desafío, Alimi-Bawzer ha hecho un llamado para que se impidan los envíos de armas y tecnología hacia los hutíes, advirtiendo sobre el impacto que la situación en el estrecho podría tener sobre las cadenas de suministro globales y la seguridad energética. La continuación del conflicto durante más de doce años, ha sido facilitada por el suministro de armamento y tecnología militar proveniente de Teherán.
El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas mantiene un embargo de armas contra los hutíes y ha impuesto sanciones a sus líderes, aunque Irán ha negado cualquier causa en los suministros. Sin embargo, varios informes han documentado el contrabando de armas con componentes iraníes destinados a los rebeldes.
Dentro de este contexto, los enfrentamientos recientes han suscitado preocupaciones por una posible escalada del conflicto en Yemen, que ya cobró la vida de más de 150,000 personas y desplazó a millones. Recientemente, cerca de 130,000 personas abandonaron sus hogares en medio de una crisis humanitaria que afecta al país más pobre del mundo árabe.
Además, el bloque que los hutíes intentan imponer contra Arabia Saudita, el principal exportador de petróleo, exacerba la tensión en los mercados internacionales. El estrecho de Bab el-Mandeb ha cobrado mayor importancia estratégica, especialmente tras el hecho de que Irán ha tomado el control de facto del estrecho de Ormuz, tras ataques estadounidenses e israelíes contra la República Islámica.
El conflicto yemení, con su complejidad geopolítica y las ramificaciones para el comercio global, resalta la urgente necesidad de una resolutiva internacional. Desde 2014, cuando los hutíes tomaron Saná, hasta la actual escalada tras la tregua de 2022, la región sigue atrapada en un ciclo de violencia que no muestra signos de ceder.
(Actualización hasta 2026-09-25 00:37:00)
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