El trabajo independiente ha emergido como la única ocupación que ha experimentado un crecimiento en México durante el periodo postpandemia, según la reciente Encuesta Intercensal 2025. En un lapso de cinco años, el porcentaje de personas que optan por el autoempleo ha ascendido del 21.3% al 24.0% de la población ocupada. Este fenómeno, sin embargo, parece estar más relacionado con un entorno económico desafiante que con una preferencia generalizada por este modelo laboral.
Mientras el autoempleo experimenta un auge, los demás sectores han registrado deterioros significativos. El trabajo asalariado, por ejemplo, ha caído de un 72.0% a un 70.5% y los empleadores han disminuido su representación del 3.1% al 2.7%. Esta situación no es aislada, ya que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) advierte que el autoempleo tiende a surgir en contextos donde el empleo asalariado es escaso. Este fenómeno actúa como un “amortiguador” ante la falta de oportunidades, concentrándose en occupations de menor productividad y alta informalidad.
Particularmente entre los jóvenes, se ha popularizado la idea de que el trabajo independiente es atractivo por la libertad que ofrece; no obstante, estudios recientes revelan que casi una cuarta parte de quienes escogen esta modalidad lo hacen por la falta de oportunidades en el mercado laboral. Este motivo es el principal impulsor detrás de esta elección laboral.
A pesar de que una cuarta parte de la población tiene un empleo independiente, existen estados donde esta proporción es notablemente superior al promedio nacional. En Oaxaca, por ejemplo, el 34.7% de la población trabajadora se encuentra autoempleada, seguido por Guerrero y Chiapas con 32.4% y 32.3% respectivamente. En contraste, prácticamente todas las entidades, a excepción de la Ciudad de México, muestran un desempeño de medio-bajo a muy bajo en el subíndice del mercado laboral del Índice de Competitividad Estatal 2026. Esto sugiere que los estados con una alta proporción de autoempleo se caracterizan por mercados laborales informales, bajos ingresos y menor formación entre su capital humano.
En términos de edad, los datos indican que a medida que aumentan los años, también lo hace la proporción de personas en el autoempleo. Entre quienes tienen entre 18 y 29 años, solo el 14% se autoemplea. Este porcentaje se duplica entre aquellos de 45 a 59 años y se triplica en el grupo de 60 a 74 años. Estos resultados son indicativos de que el autoempleo puede convertirse en un refugio ante la discriminación por edad en el mercado laboral. Un estudio sobre la “Economía Plateada” muestra que México es el país que más castiga la edad en América Latina, con cifras alarmantes: solo el 22.2% de quienes tienen entre 40 y 49 años encuentran empleo en una empresa, cifra que desciende al 10.9% para quienes superan los 50.
El panorama laboral en México es un reflejo de múltiples desequilibrios que han convertido el trabajo independiente en una opción viable, aunque no siempre deseada. La situación actual motiva una revaluación de las estrategias laborales y de inclusión en un país donde el contexto económico y la realidad demográfica delinean el futuro de miles de trabajadores.
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