Se pronostica que el año 2023 será el más caluroso que se haya registrado en la historia. Lo que significa aumentar el compromiso a la próxima Conferencia de las Partes (COP28) que se celebrará en Dubái (Emiratos Árabes Unidos), asegura la directora de la Fundación Empresa y Clima, Elvira Carles Brescolí.
La COP28 se compromete progresos en un camino en el que “los avances son lentos, pese a la emergencia climática” y en 2022 se vieron especialmente lastrados por “una situación geopolítica complicada”, debido a la suma de tres crisis: bélica, energética y económica.
Carles Brescolí, quien acumula la experiencia de haber participado ya en catorce COP, ha explicado que la cumbre del clima del pasado mes de noviembre en Sharm el Sheij (Egipto) tuvo al menos tres éxitos a destacar: el primero fue que “nadie se levantó de la mesa aunque la Unión Europea estuvo a punto de hacerlo porque se sintió muy presionada e incluso agredida”.
El segundo fue la creación del fondo específico de pérdidas y daños porque “llevábamos más de diez años hablando de este tema en los pasillos pero nunca estaba en las agendas de discusión” y “ahora se ha materializado”, si bien “el dinero no está todavía encima de la mesa” y un comité de transición trabaja ya para formalizar este convenio.
El tercer éxito es el impulso “tremendamente importante” a la aplicación del artículo 6 del Acuerdo de París firmado en 2015, referente a los mercados internacionales de carbono, y sobre el que se ha venido trabajando desde entonces.
“Hemos avanzado en la parte de los dos mecanismos que tanto nos costaba, los que marcan el funcionamiento efectivo de estos mercados en los puntos 6.2 y 6.4 y también en el 6.8, que marca los compromisos determinados de cada país”, precisa.
Factores negativos
Otros factores para ver el futuro con optimismo son los referidos a “soluciones basadas en la naturaleza, para ayudar a preservar la biodiversidad y el agua” o las nuevas tecnologías y combustibles, especialmente en torno al hidrógeno verde.
Entre lo negativo de la COP27, ha destacado que “el objetivo básico, reducir las emisiones, no lo estamos consiguiendo”, si bien los cinco principales emisores mundiales, que suman 63 por ciento del total -China el que más, con un 30 por ciento, pero también EE.UU., India, Rusia y Japón-, “se han apretado el cinturón y las están conteniendo”.
El problema es que “una serie de países emergentes está creciendo muy rápido y aumentando muchísimo en emisiones, aunque nadie habla de ellos”, como Irán, Corea del Sur, Indonesia o Mongolia, lo que desequilibra al final la balanza.
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