Al morderse las uñas, la evidencia es innegable. Las uñas se acortan, los dedos muestran lesiones y las manos parecen estar en constante búsqueda de alivio, especialmente en momentos de estrés. Ramón Barreto, Editor de adaptación de una importante revista de moda, comparte que ha tenido este hábito desde la infancia, llegando incluso a arrancarse las uñas. Esta conducta, conocida como onicofagia, no solo afecta a niños, sino que puede presentarse en personas de todas las edades y, para muchos, superar esta costumbre puede ser un verdadero desafío.
Las repercusiones de morderse las uñas trascienden lo estético y pueden ser serias. Según la Clínica Mayo, este hábito puede infligir daño al lecho ungueal. Un pequeño corte cerca de la uña puede convertirse en una puerta abierta para gérmenes, provocando infecciones. Las uñas, que son estructuras constituidas por queratina que protegen la piel sensible de los dedos, corren el riesgo de debilitarse y quebrarse. Además, pueden tener bordes irregulares que podrían lacerar la boca o afectar el sistema digestivo de forma negativa.
Las causas detrás de este comportamiento son complejas y suelen estar ligadas a factores emocionales. La onicofagia es reconocida como un comportamiento compulsivo, y su nombre proviene del griego, donde “uña” se conjuga con “comer”. Esta conducta refleja una necesidad psicológica que a menudo se realiza sin plena conciencia. En los niños, puede ser un indicativo de bullying, abuso o un entorno familiar estresante. Asimismo, jóvenes y adultos pueden recurrir a este hábito en momentos de estrés prolongado o tras experiencias traumáticas.
Es común que muchas personas busquen comprender la conexión entre la ansiedad y el acto de morderse las uñas. La psicóloga Camila Colina indica que este comportamiento es una señal de ansiedad, una forma de redirigir la atención hacia el cuerpo. En ocasiones, se considera un método de “stimming”, una respuesta sensorial que ayuda a regular el sistema nervioso frente a la sobrecarga emocional o sensorial que puedan experimentar algunos individuos.
Para aquellos que han lidiado durante años con esta costumbre, el camino puede parecer desalentador, pero es importante recordar que, como cualquier hábito, la onicofagia puede ser modificada. La psicóloga enfatiza que es posible reaprender este comportamiento. Una estrategia efectiva puede ser reemplazar el hábito de morderse las uñas por otros que proporcionen un alivio similar. Por ejemplo, tocar diferentes partes del cuerpo o utilizar pelotas de estrés pueden ser alternativas más amables que ayuden a mantener la conciencia centrada en el cuerpo.
La información aquí presentada corresponde a lo disponible hasta el 23 de mayo de 2025 y puede no reflejar los desarrollos más recientes en el tema de la onicofagia. Sin embargo, las dinámicas que rodean este hábito y sus implicaciones en la salud emocional y física siguen siendo relevantes para quienes buscan comprender y gestionar su ansiedad.
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