Gabriel Rufián ha emergido recientemente como una figura clave dentro de la izquierda española, trascendiendo sus raíces en Cataluña para posicionarse como un posible líder en un bloque de partidos de izquierda que busca influir en la gobernanza del país. A pesar de su creciente relevancia, Rufián continúa desempeñándose como portavoz de ERC en el Congreso de los Diputados, donde ha compartido sus opiniones sobre la reciente desclasificación de documentos relacionados con el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981.
El político catalán concluye que es esencial desclasificar información sobre el contexto militar del golpe, argumentando que “para saber la trama militar real”, es necesario acceder a documentos que han permanecido ocultos. Además, resalta la importancia de hacer públicos los registros de las llamadas que se realizaron desde y hacia el Congreso durante esos días, pues ello contribuiría a “conocer la trama civil real” que rodeó el acontecimiento.
Rufián no muestra mucho interés en las especulaciones que rodean este tema, describiéndolo como un “salseo interesante”, pero que ya es ampliamente conocido. Con un toque de ironía, afirma que “se iba a saber antes quién mató a Kennedy que quién montó el 23F”, destacando una frustración popular por la falta de claridad en un suceso que ha sido objeto de numerosas teorías pero pocas certezas.
Este debate se produce justo cuando se conmemora el 45 aniversario de los hechos, en un contexto en el que la decisión del Gobierno busca abordar un pasado que sigue generando controversia. Sin embargo, para que esta desclasificación sea efectiva, los ciudadanos deberán esperar la reunión del gabinete programada para el martes y la posterior publicación de los documentos en el Boletín Oficial del Estado, prevista para el 25 de febrero.
Cabe recordar que esta demanda de mayor transparencia no es nueva. Hace apenas tres meses, Javier Cercas, autor de “Anatomía de un instante”, instó al presidente del Gobierno a avanzar en la desclasificación de documentos, señalando que aún persisten mitos y desinformación sobre el golpe, que se han propagado no solo en el Parlamento, sino en la sociedad en general.
A medida que la historia del 23F retoma relevancia en el debate público, la expectativa por conocer la verdad detrás de los acontecimientos de aquel día se hace más palpable entre los ciudadanos que buscan claridad sobre uno de los episodios más oscuros de la historia reciente de España.
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