La economía mexicana ha experimentado una desaceleración tradicional al inicio de cada nueva administración, fenómeno que se ha vuelto casi esperado en el ciclo político del país. Este efecto se observó nuevamente en 2025, aunque analistas de Moody’s Analytics, Banco Base y Finamex señalaron que esta vez fue menos pronunciada que en administraciones anteriores.
Según Alfredo Coutiño, director para América Latina en Moody’s Analytics, el último trimestre de 2025 mostró signos alentadores, con un crecimiento del 0.9% trimestral y del 1.8% en comparación anual. La rápida ejecución del presupuesto federal y una inversión pública más acelerada en infraestructura podrían ser clave para fortalecer esta recuperación.
Analizando los primeros años de gobierno desde el 2000, solo dos administraciones —las de Vicente Fox y Andrés Manuel López Obrador— registraron contracciones. En contraste, los primeros años de Felipe Calderón, Enrique Peña Nieto y Claudia Sheinbaum, aunque marcados por desaceleraciones, mantuvieron tasas de crecimiento positivas. Por ejemplo, el primer año de Peña Nieto vio un avance de 0.9%, mientras que el de Sheinbaum llegó al 0.6%.
Gabriela Siller, directora de análisis económico en Banco Base, mencionó que la transición política tiende a ralentizar la actividad económica. Sin embargo, si durante ese cambio sobreviene un evento generador de incertidumbre, las consecuencias pueden ser más adversas. Un claro ejemplo de esto fue la cancelación del aeropuerto de la Ciudad de México en 2019, que afectó drásticamente las expectativas económicas en ese momento.
Por su parte, Víctor Gómez Ayala, economista jefe de Finamex, apuntó que las tasas de crecimiento del gobierno saliente suelen superar a las del primer año del nuevo gobierno, lo que siempre resulta en una desaceleración evidente. El crecimiento del PIB en 2024 fue del 1.4%, señalando que aunque la desaceleración en 2025 fue más moderada, se trató de una de las tasas más bajas en este contexto.
Es interesante notar que, al cierre de las administraciones de Peña Nieto y Calderón, las economías crecieron un 2% y un 3.6%, respectivamente, lo que contrasta con los proyectos de crecimiento más modestos que enfrentaron sus sucesores. Este ciclo demuestra que, a través de los años, aunque las fluctuaciones económicas son parte del proceso político, la capacidad de respuesta y las decisiones tomadas en los primeros años de cada administración resultan cruciales para establecer el rumbo económico del país.
Con estas observaciones en mente, el panorama para 2026 dependerá significativamente de la efectividad con que el nuevo gobierno implemente su presupuesto y genere confianza en el sector público y privado. La atención a los detalles económicos y el enfoque en la infraestructura serán esenciales para navegar en estas aguas inciertas.
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