Las pensiones de las mujeres en México continúan siendo notablemente inferiores a las de los hombres, con una diferencia de 35.4%. Según datos de 2025, por cada 100 pesos que perciben los hombres al finalizar su vida laboral, las mujeres reciben solo 64.6 pesos. Este déficit plantea un tema crítico: ¿el hecho de ser madre aumenta el riesgo de que las mujeres tengan pensiones más bajas?
Las razones detrás de esta desigualdad son variadas. El Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP) explica que este rezago se ve influenciado por la brecha salarial existente, la alta proporción de mujeres que participan en la economía informal y los prolongados períodos fuera del mercado laboral formal debido a responsabilidades de cuidado que, en su mayoría, no son remuneradas.
En el ámbito laboral, las madres enfrentan desafíos significativos. A menudo, tienen más probabilidades de trabajar en la informalidad, lo que les impide acceder a salarios competitivos, prestaciones y seguridad social. Aquellas que logran emplearse en el sector formal también suelen tener menor tiempo de cotización debido a sus responsabilidades familiares.
El panorama para las mamás es preocupante. En México, la esperanza de vida de las mujeres es, en promedio, casi cinco años mayor que la de los hombres, lo que implica que, además de recibir pensiones reducidas, pueden enfrentar una vejez prolongada con recursos económicos limitados. Alrededor del 58% de las madres trabajadoras se encuentran en la informalidad, lo que significa que carecen de prestaciones y protección social.
Un análisis de las horas dedicadas a trabajo no remunerado revela que las mujeres invierten en promedio 39.7 horas semanales en estas actividades, el doble de lo que dedican los hombres. De ese tiempo, 28.2 horas son para tareas del hogar y 13.6 horas para cuidados. Este tiempo dedicado a responsabilidades familiares limita su capacidad para regresar al mercado laboral formal.
Además, el acceso a cuentas de ahorro para el retiro es también desigual: solo el 34.2% de las mujeres tiene una AFORE, en comparación con el 51.4% de los hombres. Muchas interrumpen su trayectoria laboral por maternidad y no siempre logran reintegrarse, lo que repercute negativamente en su acumulación de fondos y semanas de cotización.
En el marco de la Ley 97, que rige a los trabajadores que comenzaron a cotizar en el IMSS desde el 1 de julio de 1997, se añade otra capa de complejidad. Las mujeres, al tener una esperanza de vida más alta, deben dividir sus pensiones acumuladas entre más años, lo que resulta en pensiones más bajas.
La situación actual evidencia la crítica necesidad de abordar las desigualdades de género en el ámbito de las pensiones, especialmente para aquellas que asumen múltiples responsabilidades. Es crucial implementar políticas que fomenten la inclusión y el empoderamiento de las mujeres en el ámbito laboral, asegurando que su dedicación y esfuerzo también se traduzcan en una estabilidad financiera en la vejez.
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