En 2025, México se posicionó como uno de los líderes globales en consumo de proteína cárnica, alcanzando un promedio anual de 77 kilos por habitante, cifra que supera a países como China, Rusia y Japón. Este notable dato es parte del análisis acompañado en el Compendio Estadístico 2026 del Consejo Mexicano de la Carne (COMECARNE), que revela que el país consumió un total de 10 millones 140 mil toneladas de carne, consolidándose como el sexto mayor consumidor entre las principales economías del mundo.
A pesar de este crecimiento en la demanda, la producción local de carne no se está desarrollando al mismo ritmo. Según el mismo informe, México alcanzó una producción de 7 millones 650 mil toneladas de proteína cárnica, dejando un déficit que ha tenido que ser complementado con importaciones. Durante 2025, el país importó alrededor de 3 millones de toneladas de carne, lo que representó un aumento anual del 9.9%, situándolo entre los países con mayor incremento en importaciones.
Este fenómeno no ocurre en un vacío; el mercado internacional se ha enfrentado a un encarecimiento de alimentos, señalando que el índice global de precios de la carne de la FAO creció un 5.2% en 2025 debido a factores como mayores costos de producción y tensiones comerciales. En este marco, el pollo se mantiene como la proteína más consumida en el país, con 5 millones 150 mil toneladas, seguido por el cerdo y la res, lo que lo convierte en una opción accesible para las familias mexicanas, especialmente en un contexto de inflación.
Sin embargo, la dependencia de México respecto a las importaciones, especialmente de Estados Unidos, plantea desafíos importantes. COMECARNE identifica a este país como el principal proveedor de carne, hecho que refleja la baja autosuficiencia alimentaria de México en este sector, alcanzando apenas un 76%. La autosuficiencia en pollo es del 80%, y en cerdo ha caído hasta un alarmante 54%, destacando la vulnerabilidad del sistema alimentario nacional.
Este escenario no solo involucra cuestiones económicas, sino que se ha vuelto un asunto geopolítico, donde la disponibilidad de alimentos y sus precios están influidos por diversos factores internacionales. La competencia por recursos como maíz y soya, junto con conflictos comerciales y decisiones sanitarias en EE. UU., profundizan la complejidad del panorama alimentario en México.
El reporte concluye que 2025 fue un año desafiante para la industria cárnica mundial, en un entorno caracterizado por tensiones arancelarias y incertidumbre logística. Esto pone de manifiesto la necesidad de que México encuentre estrategias adecuadas para equilibrar la creciente demanda de proteína animal con una producción local que, a pesar de los esfuerzos, no logra mantenerse al día. La carne no es solo un asunto gastronómico, sino un elemento crucial para la seguridad alimentaria del país y su estabilidad económica.
En resumen, la situación actual de la industria cárnica en México refleja tanto las oportunidades como los riesgos que enfrenta, enfatizando la importancia de una respuesta integral a un problema que se extiende más allá de las fronteras nacionales.
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