Achraf Khalifa, director del parador de El Hierro, en una conversación realizada desde Madrid, destacó las singularidades de esta isla canaria, sugiriendo que su belleza radica en su exclusividad y tranquilidad. “Cuando llegues, sentirás que estás en un escondite, en otro mundo”, afirma, enfatizando que en El Hierro no encontrarás las comodidades típicas de la vida moderna, como grandes superficies comerciales o autovías, lo que potencia su atractivo para quienes buscan desconectar.
La ausencia de turismo de masas es palpable. Los visitantes pueden disfrutar de actividades como el esnórquel, accesible para todas las edades, donde la claridad del agua permite una visibilidad asombrosa de hasta 70 metros. Raquel Marcos, instructora de buceo, guía a los interesados con maestría, mostrando la impresionante vida marina en un entorno que combina montañas volcánicas y costas vírgenes.
El parador, ubicado en el sureste de la isla, ofrece un ambiente acogedor donde se puede disfrutar de su gastronomía local. Desde la quesadilla con queso de tres leches hasta platos de pescado fresco como el cherne y la vieja, cada comida homenajea a la rica herencia culinaria canaria. Con 45 habitaciones y espectaculares vistas al Atlántico, el hotel se revela como un refugio ideal para explorar El Hierro.
En su recorrido por la isla, un trayecto de 25 minutos hasta Valverde, la capital, resulta un deleite visual. Andrea Armas, técnica de Turismo del Cabildo, subraya que El Hierro carece de turismo de sol y playa masivo; su atractivo radica en la naturaleza y sostenibilidad. Con 250 kilómetros de senderos de laurisilva, los visitantes pueden disfrutar de una inmersión en la biodiversidad típica de la región, manteniendo un ritmo de vida que privilegia la calma y la conexión con el entorno.
Las tradiciones artesanales también están presentes, desde la producción de queso de cabra hasta la elaboración de vino y la pesca artesanal. David Pavón, gerente de la cofradía de pescadores de La Restinga, comparte su enfoque personal hacia una pesca respetuosa y sustentable.
La interacción entre locales y forasteros es parte de la experiencia. Rosa María Cabrera, una de las empleadas del parador, refleja el carácter acogedor de los herreños, quienes valoran una atmósfera amistosa y tranquila. “Nos gusta atender bien a los forasteros”, dice, enfatizando la amabilidad de una comunidad que se niega a sucumbir a las presiones del desarrollo masivo.
La isla, con su rica historia cultural y su compromiso con la sostenibilidad, atrae tanto a aquellos en busca de aventura como a quienes prefieren disfrutar del mar desde una terraza. A medida que los visitantes se sumergen en su entorno, descubren no solo la belleza natural de El Hierro, sino también un estilo de vida que invita a la desconexión y la reflexión.
Hoy en día, muchos descendientes de herreños emigrantes están volviendo a la isla, trayendo consigo un renovado sentido de comunidad y emprendimiento. La combinación de tan diversos factores convierte a El Hierro en una joya escondida, ideal para explorar y disfrutar en busca de una experiencia auténtica y enriquecedora.
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