La desigualdad de género en el ámbito laboral en México está marcada por una disparidad significativa en los permisos de paternidad y maternidad. Actualmente, los hombres tienen derecho a solo cinco días de licencia con goce de sueldo tras el nacimiento o adopción de un hijo, mientras que las mujeres disfrutan de un periodo de maternidad de 84 días. Esta situación, que se arrastra desde su reconocimiento legal hace 14 años, refuerza estereotipos de género que perpetúan el papel de la mujer como cuidadora y del hombre como el proveedor.
Especialistas en políticas inclusivas apuntan que esta asimetría en los permisos laborales no solo promueve la desigualdad entre hombres y mujeres en el mercado laboral, sino que también impacta negativamente en las carreras de las mujeres. Cuando un reclutador se enfrenta a un hombre y una mujer con competencias similares, tiende a favorecer al hombre, bajo el sesgo de que “la mujer podría ausentarse por varios meses por maternidad”.
No hay obligación para los hombres de tomar su periodo de paternidad, y los registros de cuántos realmente lo ejercen son prácticamente inexistentes. A esta situación se le suma la falta de información oficial sobre el costo de una posible extensión de los permisos, lo que dificulta cualquier intento legislativo para reformar la situación. Una reciente iniciativa en 2023 fue aprobada en Diputados, pero quedó estancada en el Senado.
Los permisos de paternidad en México son de los más breves del mundo. Mientras países como Uruguay han ampliado esta licencia a 20 días, México se queda corto con apenas cinco. De acuerdo con estimaciones recientes, si se ampliasen estos permisos a un año, el costo para la seguridad social podría ascender a aproximadamente 1,658 millones de pesos, una cifra que representa apenas el 0.01% del PIB del país.
A pesar de estas barreras, se observa un cambio gradual en la cultura de la paternidad. Algunas empresas han comenzado a extender los períodos de los permisos, reflejando una transformación en la visión del rol paternal. Los hombres, cada vez más, buscan estar presentes en la vida de sus hijos, lo que invita a replantear la manera en que se construyen las dinámicas familiares y laborales.
Una licencia de paternidad más amplia y obligatoria no solo reconocería a los padres como cuidadores activos, sino que también podría contribuir a cerrar la brecha de género en el ámbito laboral. A medida que la sociedad evoluciona, es esencial que la legislación se ajuste para reflejar estas realidades y favorecer un entorno más equitativo para todos los trabajadores.
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