La clínica de abortos donde ejerce la doctora D., en Jacksonville, Florida, está a rebosar por la llegada de pacientes de estados vecinos, luego de que estos prohibieran el aborto voluntario del embarazo aprovechando una polémica decisión de la Corte Suprema estadounidense.
“Antes veía a unas 25 pacientes en un día típico de trabajo, ahora atiendo a unas 45. Hay mucha demanda”, comenta esta médica que prefiere guardar el anonimato por temor a recibir amenazas de militantes antiaborto.
Pese a que redujo en julio de 24 a 15 semanas el plazo para abortar, Florida es ahora uno de los lugares más permisivos para interrumpir el embarazo en el sureste de Estados Unidos.
A su alrededor, otros estados de mayoría conservadora como Louisiana, Mississippi, Alabama o Georgia han prohibido casi por completo esa práctica o reducido su plazo a seis semanas, después de que la Corte Suprema anulara a nivel federal ese derecho.
La decisión ha llevado a numerosas mujeres a viajar a clínicas de Florida, entre ellas una propiedad de la ONG Planned Parenthood, de los mayores centros de servicios reproductivos.
Por lo que, el pasado sábado 20 de agosto, proveedores y defensores del aborto presentaron ante la Corte Suprema de Florida una impugnación a la ley que prohíbe el aborto después de 15 semanas de gestación, ante el “devastador daño” que está causando.
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