Antes de que Nueva York se convirtiera en una metrópoli bulliciosa, su paisaje estaba compuesto por colinas onduladas, valles profundos y extensos pantanos salinos. Este ecosistema alberga una rica diversidad de flora y fauna, incluidos cuerpos de agua dulce como el Collect Pond en el bajo Manhattan y vastas camas de ostras a lo largo de sus más de 800 kilómetros de costa, elementos fundamentales para los pueblos indígenas Lenape. Esta historia rica, a menudo eclipsada por el desarrollo moderno, es el enfoque del trabajo del artista Alan Michelson, quien ha dedicado más de cuatro décadas a destapar este pasado oculto.
Michelson, quien comenzó creando grandes pinturas abstractas de la naturaleza, ha evolucionado hacia instalaciones y esculturas específicas para diversos lugares. Desde finales de los años 80, ha estado examinando no solo las cualidades físicas de estos lugares, sino también sus historias temporales. En un reciente proyecto, su instalación Oyster (2026) se ha exhibido en el paseo occidental de Governors Island. Esta imponente obra, que representa una ostra y ocupa 40 metros cúbicos, está construida con cientos de miles de conchas recicladas donadas por el Proyecto de Ostra Billonaria. Esta organización benéfica está comprometida con la restauración del puerto de Nueva York, rehabilitando sus arrecifes de ostras.
La colaboración de Michelson con esta organización comenzó en 2021, y desde entonces se ha sentido inspirado por el aspecto comunitario de las ostras, que históricamente unieron a los Lenape y a otros pueblos. Sin embargo, la sobreexplotación y la contaminación han llevado a la devastación de las antiguas camas de ostras de Nueva York. Mientras el Proyecto de Ostra Billonaria trabaja hacia soluciones prácticas para este problema, Michelson ha ideado su propia intervención artística.
Oyster no solo es una multitud de conchas; también es un espacio de encuentro para los visitantes de la isla, un lugar donde contemplar el puerto en su forma original, antes de la llegada de los europeos. El artista invita a imaginar un paisaje donde abundaban los recursos marinos y donde sostenía modos de vida que dependían de ellos. En sus palabras, es un foco de reflexión sobre si esa “región extractiva” debe continuar.
A través de Oyster, Michelson propone un camino hacia la sostenibilidad, esperando que estas soluciones basadas en la naturaleza no solo sean valoradas por los pueblos indígenas, sino que también sirvan como un puente hacia un futuro colectivo mejor. Destaca que una porción significativa de las conchas donadas es probable que tenga miles de años, sugiriendo una conexión con un tiempo mucho más grandioso, incluso más allá de los Lenape.
Esta conexión con la historia ha sido una constante en la práctica de Michelson durante más de 35 años. Su primera instalación de este tipo, Earth’s Eye (1990), se realiza en el sitio del ahora cubierto Collect Pond, donde descubrió un gran vertedero de conchas, legado de generaciones de pescadores de los Lenape y sus ancestros. Earth’s Eye consistía en 40 marcadores de concreto dispuestos en la forma original del estanque, cada uno haciendo referencia a la historia natural y social del lugar.
Como miembro de la nación Mohawk, una de las Seis Naciones de la Confederación Haudenosaunee, Michelson ha alineado su trabajo con perspectivas ancestrales que se vinculan a las aguas, buscando documentar y resaltar las huellas de la presencia indígena en Nueva York, a pesar de siglos de borrado.
En 2001, navegó el contaminado Newtown Creek para crear el video Mespat, una obra que capturó la historia de este lugar, que una vez estuvo lleno de vida, ahora marcado por siglos de desechos industriales. Utilizó proyecciones de video en una superficie de plumas de pavo blanco, simbolizando la conexión indígena con la naturaleza.
Los trabajos de Michelson no solo abordan el pasado; también hacen eco del presente. Sus obras están actualmente en exhibición en el Museo de Bellas Artes de Boston, donde continúan desafiando las narrativas coloniales, presentando figuras de artistas indígenas contemporáneos y reflexionando sobre la historia de la nación.
El mensaje de estos proyectos se ve más allá de la estética; invitan a contemplar las posibilidades del arte como un medio para fomentar la reflexión crítica. Oyster, inspirado por la conexión entre humanos y ostras, se complementará con performances choral y de percusión de artistas indígenas, creando un diálogo que trasciende lo temporal.
Si bien la instalación se desmontará el 30 de noviembre, Michelson tiene la ambición de que su legado perdure, transformándose en un proyecto de restauración de arrecifes de ostras, llevando el arte a nuevas profundidades. En este camino, su pregunta sigue resonando: “¿Qué puede hacer esta obra de arte?” En la intersección del arte y la naturaleza, Michelson continúa ofreciendo un espacio para la reflexión, la historia y el futuro colectivo.
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