La noche del 8 de octubre de 2026, Steve McQueen, el renombrado artista británico y cineasta, se reunió en el Guggenheim Bilbao con un grupo de guías del museo para preparar la inauguración de su última exposición, cuyo título es “66 76 26”. Esta innovadora instalación, que permanecerá abierta hasta el 21 de febrero de 2027, presenta un diálogo sonoro entre las voces de dos íconos musicales del siglo XX: Nina Simone y David Bowie. Ambos intérpretes cantan a capela “Wild Is The Wind”, una emotiva canción compuesta originalmente para la película de 1957 “Viento salvaje”, que ha marcado la carrera de McQueen durante más de tres décadas.
La experiencia sonora se desarrolla en una sala oscura, iluminada tenuemente, donde el canto penetrante de Simone es replicado por Bowie en un bucle de aproximadamente 11 minutos. Al finalizar esta interpretación, McQueen invita a las guías a formular preguntas y reflexiones, abordando temas como la distancia, el aire, el ritmo y el silencio, explicando que su obra es “invisible, pero está presente”. Definió la pieza casi como un “réquiem de amor”, encapsulando un sentido de anhelo.
A sus 57 años, McQueen, vestido completamente de negro y ataviado con gafas de pasta transparente, se presentó sin concesiones, mostrando un enfoque riguroso y perfeccionista hacia su trabajo. Durante la conversación, detalló sus intenciones de conectar las grabaciones de Simone del año 1966 y de Bowie de 1976 con la contemporaneidad de 2026. “Es una obra muy emotiva que trata sobre el amor y la vulnerabilidad”, subrayó, añadiendo que “el amor implica la posibilidad de acabar herido”.
La instalación no solo invita a reflexionar sobre el amor, sino que también conecta con el contexto social de la década de 1960, época en la que Simone grabó su versión de la canción en medio de un fervoroso movimiento por los derechos civiles. Con un enfoque en el racismo, el colonialismo y la resistencia, McQueen ha abordado estas problemáticas en sus obras anteriores, incluyendo su reciente film “Blitz” y la aclamada antología “Small Axe”.
McQueen destacó cómo, a través de su obra, busca explorar la fluidez de las identidades de género, resaltando las características esenciales de dos artistas que, en su época, se mostraron tanto ultra femeninos como ultra masculinos. Esto añade una capa de profundidad a la interpretación de “66 76 26”, sugiriendo un paralelismo intrigante entre las voces de dos figuras icónicas.
Un aspecto fascinante de esta instalación es su naturaleza puramente sonora, lo que contrasta con la producción habitual de McQueen, que se caracteriza por su fuerte componente visual. Al respecto, el artista comentó sobre la intención de “quitar la instrumentación para hacer algo nuevo”, generando una experiencia sensorial única.
Con un enfoque contemporáneo, McQueen reflexiona sobre los tiempos actuales marcados por el miedo y la incertidumbre, especialmente ante el resurgimiento del fascismo en Occidente. Siguiendo su visión, el tema del amor se convierte en fundamental, convirtiéndose en la esencia de lo que vale la pena vivir y morir.
Steve McQueen sigue desafiando las convenciones del arte contemporáneo y el cine, invitándonos a experimentar y reflexionar sobre las capas de significado que se encuentran en su trabajo, donde la historia, la memoria y la emoción se entrelazan en un diálogo perpetuo. La instalación “66 76 26”, con su conmovedora exploración del amor y el anhelo, se perfila como una experiencia imperdible para los visitantes del Guggenheim Bilbao.
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