Los altos mandos de las Fuerzas Armadas de Arabia Saudita, Turquía y Pakistán se reunieron el 25 de septiembre de 2026 en un contexto geopolítico delicado, marcado por una creciente escalada de ataques por parte de los hutíes de Yemen. Este encuentro se centró en la coordinación de un respaldo militar al reino saudita, que ha sido objeto de múltiples agresiones.
Durante la reunión, los líderes militares examinaron a fondo la situación de seguridad que afecta a Arabia Saudita. Reafirmaron su compromiso hacia una defensa colectiva, comprometiéndose a hacer que los acuerdos del pacto de defensa conjunta de La Meca se traduzcan en acciones concretas. Este pacto, firmado el mes anterior, estipula que un ataque a uno de los tres países socios se consideraría como un ataque a todos.
La reunión se produjo un día después de que los cancilleres de los tres países se encontraran en Nueva York, durante la Asamblea General de las Naciones Unidas. Este encuentro previo abordó la urgente necesidad de una reunión entre los jefes de Estado Mayor para discutir las formas de cobertura militar necesaria para el reino.
A pesar de la cláusula de defensa conjunta anunciada, cabe destacar que ni Turquía ni Pakistán han tomado medidas militares directas contra los hutíes hasta la fecha, aunque el presidente turco, Tayyip Erdogan, sugirió que podrían considerarse apoyos en áreas como inteligencia y logística, enfatizando que una respuesta más contundente sería evaluada en función de la magnitud de la amenaza.
Los ministros de Relaciones Exteriores de los tres países condenaron los recientes ataques hutíes contra instalaciones civiles en Arabia Saudita, así como las acciones dirigidas hacia La Meca, ciudad sagrada del islam, que los hutíes han negado haber atacado. En este contexto, el gran muftí saudita, Saleh bin Fawzan bin Abdullah Al-Fawzan, hizo un llamado a las fuerzas armadas para que estén listas y oró por la erradicación del grupo hutí y sus aliados.
El primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, advirtió ante la Asamblea General de la ONU que cualquier nuevo ataque contra La Meca marcaría una “línea roja” para su país, condenando enérgicamente los ataques pasados. Sharif enfatizó la indignación que tales actos generan entre los musulmanes de todo el mundo, reiterando que cualquier amenaza a la seguridad y santidad de La Meca no debe ser tolerada.
Arábia Saudita informó sobre su primer ataque directo contra La Meca en años, acusando a los hutíes de haber intentando derribar un dron dirigido a la ciudad santa. Mientras tanto, los hutíes han intensificado sus agresiones desde julio, cuando rompieron una prolongada tregua y establecieron un bloqueo marítimo, tomando el control de la costa yemení sobre el Mar Rojo, lo que afecta las exportaciones petroleras saudíes.
En este panorama de tensión, el presidente del gobierno yemení respaldado por Arabia Saudita, Rashid al-Alimi, hizo un llamamiento a la población yemení para que se una a las fuerzas armadas, ofreciendo amnistía a aquellos combatientes hutíes que decidan abandonar el grupo. La actual situación geopolítica nos recuerda cómo las dinámicas regionales pueden alterar el equilibrio de poder y afectar no solo a los países en conflicto, sino a toda la región y más allá.
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