El 25 de septiembre de 2026, el presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, reafirmó su intención de retomar el memorando de entendimiento alcanzado con Estados Unidos en junio, enfatizando que su país no cederá ante la presión de Washington. En este contexto, el canciller iraní, Abbas Araghchi, presentó un plan específico de siete días para reabrir el estrecho de Ormuz, un área crítica para el tránsito de petróleo y gas, que había estado bloqueada debido a la ofensiva de Estados Unidos e Israel desde finales de febrero.
Araghchi, al margen de la Asamblea General de las Naciones Unidas, expresó que el plan, transmitido a través de Catar, contempla un cese de hostilidades que incluiría la liberación de 12.000 millones de dólares en activos iraníes congelados y el levantamiento de sanciones sobre las exportaciones petroleras, así como el fin del bloqueo naval estadounidense. Indicó que el reloj comenzaría a contar una vez que Estados Unidos acepte el plan, sugiriendo que algunas medidas podrían implementarse en cuatro o cinco días, con el estrecho reabierto al sexto día.
El canciller subrayó que las condiciones propuestas no son nuevas, ya que ya formaban parte del memorando original de junio. Aseguró que, con una voluntad seria de negociación por parte de Estados Unidos, todo estaba listo para avanzar. Este estrecho, por donde antes transitaba una quinta parte del petróleo mundial, se ha convertido en una herramienta crucial para Irán en su confrontación con Washington, lo que ha impactado no solo la economía de Medio Oriente, sino que también ha puesto presión sobre la administración de Donald Trump en un momento político delicado.
Araghchi no solo dejó clara la postura de Irán frente a las amenazas externas, sino que también hizo hincapié en el deseo de evitar la guerra, algo que Pezeshkian reiteró en su comunicado. Si bien agradeció al presidente chino, Xi Jinping, por su apoyo a la reanudación de diálogos, las opiniones dentro de Irán sobre el enfoque negociador parecen divididas. Algunos líderes y clérigos expresan resistencia a dialogar con lo que consideran un “enemigo agresor”.
El estrecho de Ormuz ha sido un escenario de tensiones por su relevancia estratégica. Ante el inminente riesgo de un conflicto mayor y la presión de mantener un flujo energético constante, la atención internacional se dirige hacia la aceptación de esta propuesta por parte de Estados Unidos. La relación entre ambas potencias se mantiene compleja; cualquier avance dependerá de la disposición de Washington a revaluar su enfoque en la región.
Mientras tanto, el panorama interno iraní muestra fracturas que podrían complicar aún más el proceso de negociación, con voces que claman por la resistencia y otras que abogan por el diálogo. Las repercusiones de estas decisiones no solo afectarán a Irán y Estados Unidos, sino que tendrán un impacto significativo en todo el mercado global de petróleo.
Este análisis se organiza en medio de un contexto dinámico que podría cambiar con rapidez según los desarrollos diplomáticos y las decisiones políticas que se tomen en las próximas semanas.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.


