La artista multisensorial Donna Lipowitz ha capturado la imaginación del público con su innovadora Scent Lending Library, una biblioteca de aromas donde utilizar perfumes se asemeja a pedir prestados libros. La idea le surgió inesperadamente durante una caminata por el bosque cercano a su casa en West Seattle. “¿No sería genial poder disfrutar de las fragancias como lo hacemos con los libros?”, reflexionó. Su concepto ha resonado positivamente; la primera versión de la biblioteca se inauguró en abril de 2025 en un armario convertido de Nueva York y, después de atraer a numerosos visitantes, su éxito la llevó a abrir una segunda exposición en Seattle ese noviembre, que pronto se trasladará a un espacio permanente.
¿Pero qué aromas se pueden encontrar en esta inusual colección? Desde clásicos como Chanel No. 5 hasta olores inusuales como el de espacio y Cheerios, la biblioteca alberga una amplia gama de más de 140 fragancias en su sección de referencia y 84 en préstamo. Cada aroma está contenido en pequeñas botellas de ámbar, cuya fragancia se presenta en papel absorbente, lo que permite disfrutar del olor sin aplicarlo. Este formato también incluye una ficha para su devolución, incentivando el interés por las fragancias de una manera lúdica.
En un mundo donde la cultura visual predomina, Lipowitz espera desarrollar la “alfabetización olfativa” de los visitantes, ayudando a las personas a reconocer y disfrutar de los olores que a menudo pasan desapercibidos. Un joven visitante se sorprendió al descubrir que “todo tiene olor”, lo que ilustra el potencial de la biblioteca para abrir nuevas ventanas a la percepción sensorial. La capacidad de los aromas para desencadenar recuerdos y emociones también se ha hecho evidente, con visitantes reportando experiencias profundas y conmovedoras al interactuar con las fragancias.
Lipowitz, quien ha creado algunas fragancias conceptuales inspiradas en su autobiografía, como la de Bermuda Triangle, se deleita al ver cómo su biblioteca se ha convertido en un espacio de encuentro social. Ella señala que ha sido “abrumador” ver cómo el público ha abrazado esta experiencia. La biblioteca ha fomentado la interacción, permitiendo que las personas compartan sus historias y recuerdos evocativos, uniendo a completos desconocidos a través de la experiencia olfativa.
Quienes visitan la biblioteca no solo exploran fragancias, sino que también se embarcan en un viaje hacia una mayor conexión con sus propios recuerdos y emociones. La experiencia de interactuar con los olores es íntima y puede llevar a momentos de reflexión, así como a la risa. En su búsqueda por expandir este concepto, Lipowitz planea colaborar con otros artistas y quizás replicar su modelo en otras ciudades.
Como un fenómeno cultural en evolución, la Scent Lending Library de Lipowitz desafía las convenciones actuales sobre cómo percibimos los aromas. En lugar de ser considerados simplemente como algo que se debe evitar o como un lujo, estos olores pueden ser una ruta hacia la autoexploración y la conexión humana. Con esta propuesta, Lipowitz está forjando un nuevo camino en la apreciación del arte del olor, invitando al público a experimentar su mundo sensorial con apertura y curiosidad.
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