En la antesala de la próxima edición de la Biennale de Venecia, que abrirá sus puertas en mayo, un evento que típicamente celebra la inclusión de nuevos países en el mundo del arte ha emergido en medio de una polémica: el Pabellón Somali. Este espacio, que marca la primera vez que Somalia participa en la exposición artística más importante del mundo, ha sido objeto de críticas por parte de representantes de la escena artística somalí, quienes sostienen que los organizadores no consultaron ni incorporaron de manera significativa a artistas locales.
El comunicado emitido por la Fundación de Artes de Mogadiscio denuncia que las tres artistas seleccionadas para representar a Somalia—Ayan Farah, Asmaa Jama y Warsan Shire—no viven en el país. Farah reside en Estocolmo, Jama en Bristol y Shire en Londres, aunque todas tienen lazos con Somalia. Este hecho ha elevado la preocupación de que el pabellón no represente auténticamente la vibrante comunidad artística somalí.
Titulado “SADDEXLEEY”, en honor a una forma de poesía somalí, el pabellón es curado por Mohamed Mire y Fabio Scrivanti, con Abdirahman Yusuf como comisionado. La declaración de la fundación señaló que el evento no representa a los artistas locales y cuestionó su financiamiento, describiéndolo como una “oportunidad privada”. Resaltó la dedicación de los artistas y trabajadores culturales en Somalia, quienes han trabajado bajo condiciones extremadamente difíciles, muchas veces sin apoyo institucional.
Nueve artistas basados en Somalia firmaron la declaración, incluyendo a la poeta y fotógrafa Bushra Mohamed y la cineasta Ifraax Aden. Este acto de solidaridad subraya la frustración que sienten ante la posibilidad de que su voz sea ignorada en un evento de tal magnitud.
Entre las reacciones, la poeta y cineasta somalí Ladan Osman anunció su decisión de no participar en el pabellón debido a la falta de engagement significativo por parte de los organizadores con artistas y curadores locales. Además, Osman resaltó la controversia sobre el tratamiento de Palestina en la Biennale, lo que añade otra capa de complejidad a su decisión.
La controversia no es un fenómeno aislado. En años recientes, otras naciones africanas han enfrentado críticas similares. El caso de Namibia en la Biennale de 2022, cuando su participación fue organizada por un curador italiano, dejó en claro la necesidad de un mayor involucramiento local en representaciones artísticas internacionales.
A diferencia del pabellón namibio, el Pabellón Somali cuenta con el apoyo del gobierno de Somalia, lo que refleja un creciente interés del país por participar en plataformas internacionales, según declaró en marzo el ministro de Cultura somalí, Daud Aweis.
Este año, el Pabellón Somali, además de su relevancia cultural, pone de manifiesto las tensiones contemporáneas del arte en un mundo globalizado, donde las voces locales buscan, desesperadamente, un lugar en un escenario que a menudo parece predeterminado por intereses externos. Con la apertura de la Biennale a la vuelta de la esquina, la comunidad artística estará atenta no solo a las obras expuestas, sino también a cómo se manejan las complejidades de representación y participación en este evento emblemático.
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