La noche anterior, la Cámara Baja del Parlamento francés votó de manera unánime a favor de un proyecto de ley muy esperado que facilitará la restitución de obras de arte saqueadas durante la era colonial. Esta votación es un paso significativo en un compromiso de casi una década por parte del presidente francés Emmanuel Macron para devolver el patrimonio cultural a África. La ley, que fue adoptada previamente por el Senado en enero, se encuentra ahora en un camino claro hacia su promulgación, con la posibilidad de ser convertida en ley antes del verano.
Los miembros del parlamento coincidieron en que esta iniciativa representa un avance en un esfuerzo prolongado y doloroso por confrontar el pasado colonial de Francia y devolver bienes culturales que fueron injustamente y violentamente apropiados en los siglos XIX y XX. Sin embargo, se generaron intensos debates, lo que subraya cuán políticamente cargado sigue siendo el tema. Ambos lados del espectro político calificaron la ley como “imperfecta”.
Un punto central de la discusión gira en torno al hecho de que el texto del proyecto de ley omite la mención de la palabra “colonialismo”. En cambio, se establece que las obras de arte saqueadas entre 1815 y 1972 son elegibles para un proceso de restitución acelerado, a solicitud de los países que lo demanden. Esta omisión ha sido interpretada como una manera de apaciguar a la extrema derecha, que se opone firmemente a cualquier discusión sobre “arrepentimiento” o “culpa” en relación con el papel de Francia durante dicho período. La diputada Florence Joubert destacó que esto puede abrir una “caja de Pandora” de demandas de restitución, lo que podría privar al público francés de algunas de sus colecciones más preciadas.
El debate incluyó comentarios provocativos, como el del diputado Frederic-Pierre Vos, quien preguntó irónicamente: “¿Por qué no el Eiffel Tower, dado que Argelia sostiene que se construyó con hierro argelino?”. En contraste, el diputado de izquierda Rodrigo Arenas respondió que no hay ninguna demanda para la recuperación de la Torre Eiffel, al igual que Francia no pide el regreso de la Estatua de la Libertad en Nueva York.
A pesar de que el proyecto de ley evita cualquier tipo de disculpa por los agravios cometidos por Francia, busca “repararlos” y así enviar un mensaje de buena voluntad a las antiguas colonias francesas, que aún miran a Francia con desconfianza. La ministra de Cultura, Catherine Pégard, enfatizó que la restitución de obras puede acercar a las naciones, fomentando un espíritu de cooperación.
Sin embargo, la diputada de izquierda Sophie Taillé-Polian advirtió que la ausencia de la palabra “colonialismo” debilita el proyecto de ley, perpetuando la lógica racista que sustentó el dominio colonial. Según ella, usar esta palabra sería una cuestión de rigor histórico, no de arrepentimiento. “Rehusar hacerlo es embellecer la historia, y embellecer es ya una negativa a comprender”, afirmó.
A pesar de estas críticas, la votación unánime fue considerada un “cambio profundo en la mentalidad”, como comentó la historiadora del arte Bénédicte Savoy. Junto con Felwine Sarr, coautora de un informe fundamental sobre los objetos culturales africanos en museos franceses, argumentó que el 90 a 95 por ciento del patrimonio artístico africano se encuentra fuera del continente.
Este informe ha acelerado los esfuerzos para devolver algunas obras saqueadas, incluyendo aquellas devueltas a Benín, Senegal y Costa de Marfil. Sin embargo, hasta ahora, estas restituciones debían hacerse a través de leyes independientes debido a la complejidad del proceso. Las nuevas leyes en este ámbito han sido aprobadas sin dificultad, pero la tercera, que aborda el colonialismo, ha enfrentado importantes debates sobre las implicaciones de admitir las heridas del pasado.
La legislación recién propuesta asigna a dos comités la tarea de decidir si se devuelve una obra solicitada por otro país, en función de los hallazgos científicos y las solicitudes formales. No obstante, algunos líderes de la izquierda sostuvieron que lo ideal es evitar el contexto colonial y enfocarse en los aspectos técnicos del robo y la restitución de objetos.
Aunque la ley no resolverá todos los problemas y es, en muchos sentidos, lejos de ser perfecta, se considera un marco estable que podría permitir un avance real hacia adelante. En este contexto, la atención ahora se centra en los próximos pasos y en cómo se desarrollará esta nueva política de restitución en los meses venideros.
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