En el bullicioso corazón de Brooklyn, un menú recién inaugurado ha desatado un torrente de reacciones en redes sociales. El precio de un pollo rostizado, marcado en $77, ha dejado a muchos boquiabiertos, una cifra que desata tanto intriga como controversia. La noticia ha sido especialmente notable tras la publicación del influencer Mike Chau, quien compartió que la mitad del mismo pollo se ofrece a $40, llevando a más de 8,000 personas a reaccionar con incredulidad, incluso provocando la curiosidad de Chi Osse, un miembro del concejo de la ciudad.
El pollo rostizado, considerado durante años como “la proteína del pueblo”, ha visto aumentos en su precio que reflejan un problema más amplio: la creciente brecha de riqueza en la ciudad. Gigi’s, el local en cuestión, ofrece un pollo que proviene de un pequeño granjero de upstate New York, que los vende por aproximadamente $13 a $14. Estos pollos son preparados con esmero, marinados y cocinados en un horno rotativo, acompañados de papas orgánicas de Norwich Farm. El propietario, Hugo Hivernat, sostiene que ha mantenido prácticas justas, asegurando salarios equitativos y beneficios para sus empleados, pero aún se enfrenta al dilema de cómo justificar estos precios exorbitantes.
La demanda parece no verse afectada por la polémica. Desde su apertura, Gigi’s ha llenado sus reservas para abril, y los comensales lo han respaldado con entusiasmo, a pesar de los precios que incluyen un arroz de $10 y copas de vino a $19. Hivernat reconoce que los precios reflejan la dura realidad de la inflación y la crisis de asequibilidad que afecta a muchos neoyorquinos.
El fenómeno del pollo rostizado ha captado la atención de habitualmente críticos en la ciudad, llevando a discusiones sobre el precio de otros platillos. En una reciente conversación en Reddit, los neoyorquinos discutieron sobre las ofertas más costosas; mencionar cifras como $78 en Chez Fifi o $85 en King subraya un patrón de precios cada vez más elevados.
Restaurantes como Badaboom, en Bed-Stuy, enfrentan la misma realidad, con precios que van desde $32 para media porción hasta $58 para un pollo entero. La estrategia de este restaurante, sin embargo, incluye una noche donde los clientes pueden “pagar lo que consideren justo”, abordando así la percepción de que el pollo debería ser accesible.
Este panorama no solo plantea la cuestión de la asequibilidad en la restauración, sino que también refleja las nuevas expectativas y realidades del consumo en un entorno urbano cambiante. En medio de esta controvertida discusión sobre el pollo rostizado, surgen preguntas fundamentales sobre el valor de la calidad y el acceso en una metrópoli donde la diferencia entre clases parece ampliarse cada vez más.
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