En México, el panorama de los productores agropecuarios está marcado por un claro envejecimiento de la población. Según la Encuesta Nacional Agropecuaria (ENA) 2025 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el 80.8% de quienes se dedican a esta actividad tiene 46 años o más. De este grupo, un 52.1% se encuentra entre los 46 y 65 años, mientras que un 22.8% supera los 66 años y un 5.9% alcanza los 81 años. En contraposición, solo el 2.9% de esta fuerza laboral es menor de 30 años, y un 16.5% se sitúa entre los 31 y 45 años.
La situación se vuelve más compleja al considerar el contexto cultural. La misma encuesta revela que el 43.8% de los productores se identifican como indígenas, y el 56.0% habla una lengua indígena. Esto subraya la diversidad y la riqueza cultural que caracteriza al sector, al tiempo que plantea desafíos específicos en términos de formación y acceso a recursos.
En lo que respecta a la educación, un preocupante 52.3% de los productores solo ha alcanzado la primaria como nivel máximo de escolaridad, un dato que no solo refleja las dificultades del acceso a la educación, sino también las limitaciones que enfrenta el sector agropecuario para innovar y adaptarse a nuevas tecnologías. Este panorama de escolaridad también incluye un 8.0% sin estudios, un 1.0% que alcanzó el nivel preescolar, un 9.7% que completó el bachillerato y solo un 6.1% que logró culminar con una licenciatura, ingeniería o posgrado.
El estado civil es otro aspecto digno de mención: en 2025, el 67.3% de los productores estaba casado, y una porción menor se encontraba soltera o viuda. En términos de empleo, la ENA reporta que la mano de obra en el sector ascendió a 13,311,924 personas, de las cuales 17,780,345 eran jornaleros, con un notable 14.3% de mujeres y un 85.7% de hombres. Es de destacar que el promedio de pago de jornal era de 201 pesos para mujeres y de 228 pesos para hombres, evidenciando una disparidad salarial que persiste en el sector.
Un aspecto preocupante, de acuerdo con los datos recopilados, es que el 58.2% de las unidades de producción agropecuaria reportó pérdidas atribuidas a factores climáticos. Además, un 36.8% indicó que enfrentaba problemas biológicos, mientras que un abrumador 91.8% mencionó otros problemas que no se limitaban a los climáticos o biológicos. De los retos identificados, un 76.1% citó los altos costos de insumos y servicios como principales obstáculos, seguido por un 32.1% que se refirió a la pérdida de fertilidad del suelo, y un 28.7% que mencionó las dificultades para comercializar debido a intermediarios.
Con este escenario, se plantea una reflexión sobre la sostenibilidad y el futuro del sector agropecuario en México, donde la edad avanzada de los productores y las condiciones adversas generan una incertidumbre que afecta no solo a ellos, sino también a la seguridad alimentaria del país. La interacción de factores económicos, sociales y climáticos define un camino lleno de desafíos, pero también de oportunidades para quienes se dedican a esta importante labor.
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