La dependencia de México hacia el gas natural estadounidense se intensifica. Según informes recientes, las importaciones de gas desde Estados Unidos alcanzaron un promedio de 6,314 millones de pies cúbicos diarios en el primer cuarto de 2026, lo que representa un aumento del 0.5% en comparación con el año anterior y un notable incremento del 44% respecto a 2018, cuando el partido Morena asumió la presidencia.
La Administración de Información Energética (EIA) de EE. UU. indica que las exportaciones de gas a México han crecido un 87% en la última década, desde un promedio de 3,373 millones de pies cúbicos diarios en 2016, agregando así 2,941 millones de pies cúbicos diarios al flujo habitual. Este aumento constante refleja una tendencia de 7% de crecimiento anual en la última década, lo que plantea preocupaciones sobre la seguridad energética nacional.
A pesar de este panorama de aumento en la dependencia, en abril se dio a conocer una estrategia que busca quintuplicar la producción nacional de gas para 2030, en la que se contempla que una parte significativa provenga de yacimientos complejos que requieren técnicas de fracking. En mayo, se presentó un plan para una inversión de 140,000 millones de pesos para mejorar las infraestructuras de transporte y poner en marcha 13 nuevas plantas de generación eléctrica basadas en gas natural.
Expertos, como Talía Contreras del Natural Resource Governance Institute, sugieren que la actual política energética se centra en gestionar la dependencia de las importaciones en lugar de reducirla, lo que resulta en la falta de evaluaciones públicas sobre estas estrategias. La investigación recalca la necesidad de transformar el enfoque de planeación hacia uno que se ocupe de riesgos y gestión de la demanda, en lugar de simplemente responder aumentando la oferta y la infraestructura existente.
Un aspecto fundamental de este desarrollo es la relación entre la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y Petróleos Mexicanos (Pemex). La CFE, principal consumidor de gas natural en el país, generó en mayo de 2026 un total de 20,189 gigawatts hora a partir de sus plantas de ciclo combinado, incrementando su producción en un 59% desde 2016. En contraste, Pemex, que promedia una producción de 4,876 millones de pies cúbicos diarios, ha reducido su producción en un 19% en la última década, con solo el 12% de esa producción destinado al Sistema Nacional de Transporte de Gas Natural (Sistrangas).
Este panorama de creciente dependencia y la diminución de la producción nacional parecen presagiar un desafío significativo para la política energética de México. Con una metodología de expansión de la oferta como única respuesta, el riesgo de continuar esta dependencia podría ser inminente si no se implementan alternativas viables y sostenibles.
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