Callosa de Segura, Alicante. — Por primera vez, una investigación arqueológica ha logrado reconstruir casi por completo el proceso de producción metalúrgica de la cultura de El Argar, una de las civilizaciones más avanzadas de la Edad del Bronce en la península ibérica. El estudio, desarrollado en el yacimiento de Laderas del Castillo, en la sierra de Callosa (Alicante), ofrece nuevas claves sobre cómo se elaboraban herramientas, armas y objetos rituales hace más de 3,500 años.
De la fusión al arma: el proceso completo, paso a paso
La cultura argárica (ca. 2250–1550 a.C.) es conocida por su organización social jerarquizada, sus enterramientos en viviendas y, sobre todo, por su dominio de la metalurgia. Sin embargo, hasta ahora, los estudios se habían centrado en los productos terminados, dejando sin explorar el proceso completo de producción.
Las excavaciones recientes en Laderas del Castillo, ocupada durante más de siete siglos, han revelado más de 25 elementos vinculados a la actividad metalúrgica: desde crisoles y escorias hasta fragmentos de cobre en refundición, moldes y herramientas acabadas. Esto ha permitido a los investigadores seguir el ciclo completo de fabricación, desde la fundición del mineral hasta la manufactura de alabardas, cuchillos, punzones y puntas de flecha.
Metalurgia doméstica y tradición tecnológica
Uno de los hallazgos más significativos del estudio es que la producción metalúrgica no se realizaba en talleres especializados, sino en contextos domésticos, dentro de las propias viviendas. Los crisoles eran vasijas cerámicas comunes, hechos con arcillas locales, sin tratamiento especial, lo que apunta a una continuidad tecnológica con las prácticas del Calcolítico.
A pesar de la simplicidad de los materiales, los análisis con microscopía electrónica revelan una técnica sorprendentemente eficaz: se alcanzaban las temperaturas necesarias para fundir cobre arsenical, sin necesidad de hornos sofisticados. En el interior de los crisoles se han identificado capas de escoria de hasta 5 mm, con compuestos como magnetita, delafosita y sulfuros secundarios.
Aleaciones y redes de intercambio
El metal predominante era el cobre arsenical, con un contenido medio de 2.7% de arsénico. Sólo una pieza —un hacha— contenía estaño, lo que sugiere un cambio tardío hacia el bronce estañífero en la fase final del yacimiento.
Gracias a análisis de isótopos de plomo, los investigadores han determinado que los minerales no procedían de las vetas cercanas al asentamiento, sino de yacimientos lejanos como Linares, Almagrera o las cordilleras Béticas, situadas hasta a 300 km de distancia. Esto apunta a la existencia de redes de intercambio complejas y jerarquizadas dentro del sistema argárico, donde el transporte de minerales y objetos manufacturados era una práctica habitual.
Un modelo descentralizado, pero con identidad técnica común
A diferencia de yacimientos como Peñalosa, donde la producción metalúrgica estaba concentrada cerca de las minas, en Laderas del Castillo se evidencia un modelo descentralizado, donde las familias producían objetos metálicos en su propio entorno doméstico. Sin embargo, la uniformidad técnica entre distintos enclaves argáricos sugiere una identidad cultural común, basada en el uso de tecnologías compartidas y conocimientos transmitidos.
Un antes y un después para la arqueología peninsular
Este estudio representa un avance significativo en la arqueología del Bronce en la península ibérica. Por primera vez, se ha documentado en detalle todo el proceso técnico de la metalurgia argárica, lo que permite entender mejor no sólo la tecnología, sino también las dinámicas sociales, económicas y territoriales de una cultura que, en su tiempo, marcó un punto de inflexión en la historia antigua del sureste peninsular.
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