En la Ciudad de México, el fotógrafo Pablo Ortiz Monasterio invita a la reflexión sobre la memoria urbana a través de su exposición titulada Tenochtitlán, que se presenta en el Museo Archivo de la Fotografía. Con un enfoque poético, Ortiz Monasterio declara: “Las paredes oyen, los pisos sienten y el cielo ve”, enfatizando que, a pesar de los intentos por borrar el legado de la antigua Tenochtitlan, sus vestigios todavía resuenan en la ciudad contemporánea.
La exposición consta de 40 imágenes que buscan rendir homenaje a los ancestros que forjaron el extraordinario imperio mexica, marcado por una abrupta transformación tras la llegada de los europeos. Esta muestra actúa como una ofrenda a aquellos que vivieron y construyeron en un entorno que, según el artista, aún guarda fragmentos de su memoria.
Una segunda exhibición, también de Ortiz Monasterio, se despliega en la Galería Abierta de las Rejas de Chapultepec, ofreciendo una perspectiva alternativa sobre el mismo tema. Ambas muestras están enmarcadas por el libro Tenochtitlán de Álvaro Enrigue, que se publicará próximamente y que servirá como base conceptual para el proyecto.
Ortiz Monasterio diferencia elementos actuales que revelan la historia oculta de la ciudad. En Reforma Norte, menciona un terreno que, incluso en el mes más seco del año, presenta vestigios de agua; un recordatorio de los tiempos en que Tenochtitlan era una ciudad lacustre. La gastronomía también actúa como un puente hacia el pasado, donde un puesto de esquites presenta ingredientes únicos que aún se disfrutan en el centro del país.
Evidentemente, el proyecto Tenochtitlán nació durante los momentos de angustia provocados por la pandemia, impulsando al fotógrafo a explorar las calles del Centro Histórico mediante paseos en bicicleta. Su interés se intensificó tras leer La muerte de Tenochtitlan: La vida de México de Barbara E. Mundy, donde se detalla el contorno del asentamiento mexica en el siglo XVI. Esta obra le ofreció una nueva clave para mapear su recorrido.
La exposición se organiza en tres secciones: Prehispánico, Colonial y Cuerpos Modernos, donde las imágenes se entrelazan de manera conceptual. Ortiz Monasterio revela una intención de unir las narrativas visuales, empleando un diálogo entre objetos como figuras de ídolos, imágenes religiosas y maniquíes, creando así nuevas interpretaciones al vincular dos imágenes en un solo marco.
Además, el fotógrafo subraya las diferencias en cómo se consumen las exposiciones de arte. Observa que, a diferencia de un libro, donde solo se pueden ver dos páginas a la vez, en una sala se puede experimentar la obra en una diversidad de perspectivas. La exposición, que se extiende hasta el 31 de agosto en el Museo Archivo de la Fotografía, no solo busca revitalizar el conocimiento de Tenochtitlan, sino también invitar a los observadores a apreciar los matices de su memoria y su permanencia en el tejido urbano actual.
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